Ésta no es Rosa

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Uno de los recursos más socorridos para quien carece de argumentos o propuestas atractivas es el ataque personal a los que sí los tienen. No es pues sorprendente que, en lugar de debatir las propuestas de Unión Progreso y Democracia, nuestros competidores políticos y los medios de comunicación a su servicio respondan, o bien con el silencio (que es su opción preferida), o bien con el ataque personal a nuestra portavoz nacional y candidata a la Presidencia del Gobierno, Rosa Díez.

Eso sucedió recientemente en una tertulia de una emisora de radio de Lorca, Cadena Azul. El responsable del programa, como buen profesional, informó de la celebración el jueves día 7 de un acto de presentación de UPyD en Totana (está la información en nuestra página) y de las principales propuestas de nuestro partido. La respuesta de los contertulios no se hizo esperar, pero no consistió en criticar nuestras propuestas, sino en descalificar a UPyD en general y a Rosa Díez en particular.

Voy a centrarme en éstas últimas, no tanto por defender a Rosa, que se defiende muy bien ella solita, sino porque ponen de manifiesto la curiosa manera que tienen algunos de entender la democracia y el compromiso político. La acusación central que se hace a Rosa desde el PSOE y los medios afines es la de deslealtad, cuando no, directamente, traición a su antiguo partido. Lo que nunca nos explican a continuación es qué parte del ideario socialista ha traicionado Rosa. Tampoco qué punto del programa socialista. Y no nos lo pueden explicar porque es imposible. Lo que no ha practicado Rosa, y sí sus ex-compañeros de partido, salvo honrosas excepciones, es la sumisión incondicional a las consignas del líder, aunque eso suponga defender hoy lo contrario que ayer y mañana de nuevo lo contrario que hoy. O sea, practicar la obediencia ciega propia de los viejos partidos leninistas que ahora nos venden como “lealtad”. La lealtad y la coherencia no consisten en la obediencia ciega. Consisten en criticar lo que está mal lo haga quien lo haga. O sea, denunciar las mentiras, las diga quien las diga. O criticar las negociaciones políticas con ETA, las hagan Eguíbar y Arzallus o Eguiguren y Zapatero. O tantos otros ejemplos que podría poner.

Y por supuesto, hay un hecho incontestable que los predicadores de la obediencia al líder nunca mencionan: que a Rosa le bastaba con ser obediente y sumisa para tener la vida resuelta. Pero, a diferencia de, por lo que se ve, la mayor parte de nuestra clase política, el burka no va con ella.

(Aprovecho para agradecer al equipo de la Cadena Azul que nos hayan dado la oportunidad de replicar a las descalificaciones. Un buen ejempo que, desgraciadamente, no siguen todos los medios de comunicación)

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