De ovejas y cabestros

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El Señor Erkoreka, diputado del PNV, ha dado una curiosa razón para apoyar la candidatura de José Bono a la Presidencia del Congreso. Ha dicho que a las ovejas (y en general los animales mansos) se les puede dejar pastar libremente, pero que a los cabestros hay que tenerlos “bien acotados” por la seguridad de todos, especialmente de sus dueños. Así que mejor tener al supuesto cabestro Bono a buen recaudo en la Presidencia del Congreso que suelto en el Gobierno. Sobre todo, claro, por la seguridad de Rodríguez Zapatero.

Lo primero que me llama la atención del comentario de Erkoreka es la incultura ganadera que pone de manifiesto. Porque, como todo el mundo sabe, salvo Erkoreka y, por lo que parece, también Bono, un cabestro es tan manso como una oveja. Así lo define el diccionario de la Real Academia: “Buey manso que suele llevar cencerro y sirve de guía en las toradas”.

Pero pasemos por alto este error y ciñámonos a lo que Erkoreka quería decir: que a los supuestos toros bravos (como Bono según él) hay que tenerlos bien acotados (por ejemplo en la Presidencia del Congreso), a diferencia de las ovejas y demás animales mansos (los futuros ministros), que pueden pastar libremente en el Gobierno.

Un hecho deprimente es que los comentaristas, empezando por el propio Bono, consideren que, en la contraposición entre ovejas y toros bravos, el insultado es el supuesto toro bravo, y no las supuestas ovejas. La oveja es un animal con fama de tontorrón y sobre todo, de sumiso y sin más criterio que seguir ciegamente a la masa. No es que me parezca que el símil de los pesos pesados del PSOE y un rebaño de ovejas esté demasiado mal traído. Pero sí me sorprende los afectados hayan llegado a la extema alienación de no darse ni siquiera por ofendidos por tal comparación. Mal andamos si nuestra clase política considera que ser borrego es una virtud y ser bravo un defecto. Algo grave le pasa a las gentes de nuestra izquierda, que siempre han ido por la vida de rebeldes, cuando tan positivamente valoran la mansedumbre.

A mí, por el contrario, lo de comparar a Bono con un toro bravo me parece un elogio inmerecido. No hace falta ser experto en tauromaquia para saber que, contra lo que Erkoreka y tantos otros parecen pensar, la lidia de un manso es más difícil y peligrosa que la de un toro bravo. Y, de los distintos tipos de toros mansos, hay uno particularmente antipático para los toreros, que es el que los aficionados suelen llamar “bravucón”. El manso bravucón, a diferencia del manso huidizo o reservón (que también los hay en la política), es un toro que se arranca con cierta alegría, pero que al acercarse al caballo, el banderillero o los engaños, se frena, se repucha, echa las manos por delante y se defiende cabeceando. Con lo cual, además de hacer la lidia difícil, deslucida y peligrosa, engaña al público poco entendido, que cree que el toro es bravo y que es el torero el que no le saca partido. Así que puede que Erkoreka, aunque no en lo que quería decir, sí haya acertado en parte en lo que ha dicho: que es la mansedumbre de Bono lo que lo hace peligroso para su jefe. Aunque no se trate de la mansedumbre inofensiva del cabestro, sino la peligrosa del manso bravucón.

Pero lo más triste de todo es que nadie que yo haya escuchado se haya indignado por lo más revelador del comentario de Erkoreka: que considere a la Presidencia del Congreso el corral perfecto para tener “bien acotado” a un político. Una de las obsesiones de UPyD es la defensa de la separación de poderes y la denuncia de la progresiva subordinación del judicial y el legislativo al ejecutivo. La Presidencia del Congreso de los Diputados lleva aparejada la Presidencia de las Cortes, que a su vez es protocolariamente el tercer puesto oficial más importante (después de la Jefatura del Estado y la Presidencia del Gobierno). Que se diga que la presidencia del poder legislativo es el lugar ideal para neutralizar a políticos y nadie se escandalice por ello dice más del papel al que está reducido nuestro parlamento que todas las críticas a su funcionamiento que hemos hecho desde UPyD en la campaña electoral y en nuestro programa.

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One Response to De ovejas y cabestros

  1. A. Berrocal dice:

    Como dices, Considerar que el tercer puesto oficial más importante es el mejor lugar para alguien que se considera “molesto” o “incapaz” es una perversión manifiesta. Tanto, que la incapacidad de los medios y el público para percibirla diagnostican algo preocupante en política.
    Por cierto, muy bien traido el símil taurino.

    Un saludo Manolo

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