El cine comercial rompe el tabú de ETA

Uno de los fenómenos de la cultura española no por lamentables menos interesantes, es el tratamiento que ETA ha recibido en el cine. Lo habitual es que, sencillamente, no se trate. Lo cual es un mal menor, porque, en las contadas ocasiones en que aparece, lo hace, o como mero decorado, o tematizada desde posturas deliberadamente equidistantes (o escoradas hacia la propia ETA). Conclusión: salvo cine comprometido y alineado sin ambigüedades con las víctimas y contra los verdugos, encontramos de todo. Salvo excepciones, que las hay y en este caso son particularmente honrosas, las víctimas de ETA han sido las grandes olvidadas de un gremio, el del cine español, que presume como pocos de compromiso político y de defensa de las libertades y la democracia.

Parece que por fin se rompe el tabú. Hay dos películas comerciales y no documentales en marcha que, a juzgar por lo que dicen sus directores, tratan el problema del terrorismo etarra de frente y sin equidistancias: Clandestinos, de Antonio Hens y Todos estamos invitados, de Manuel Gutiérrez Aragón. Y como no las he visto y no tengo razones para dudar de la palabra de los directores, les concedo el beneficio de la duda. Así que adoptaré como hipótesis de partida que ambas son lo que sus directores dicen que son: dos películas de solidaridad con los perseguidos por ETA y de denuncia del terrorismo y de sus cómplices, “indiferentes” incluidos.

Ante todo, y en coherencia con la hipótesis quiero dar mi enhorabuena a ambos. Pero quiero lamentar que, en sus presentaciones de sus películas, hayan echado algún borrones.

En el caso de Clandestinos el borrón, y muy gordo, son las fotos promocionales de la película. No insisto en el tema porque ya lo traté en un artículo anterior: “Los graciosillos amenazan”. Me remito a él y al excelente artículo de Paco Pimentel “Maldita gracia”. En honor a la verdad tengo que decir que tales fotos no aparecen en la página web de la película. Quizá la productora ha tenido la inteligencia y decencia de retirar esa campaña impresentable. Si es así, estupendo; de sabios es rectificar (a ver si los editores de la revista Zero toman nota).

En el caso de Todos estamos invitados, el borrón está en un par de comentarios del director en sendas entrevistas. Su entrevista en El País comienza con estas palabras:

“Durante el rodaje de Visionarios (2001) en pequeñas localidades del País Vasco y de Navarra vi lo que era la vida cotidiana para algunos, llamémosles disidentes del…, no sé cómo llamarlo, ¿del Régimen vasco? ¿Del statu quo? Bueno, en Euskal Herria se vive bien, la gente suele ser hospitalaria, abierta… Me vino a visitar un amigo al rodaje, se quedó en mi mismo hotel de montaña, en un lugar fantástico, con paisajes únicos, con ese lustre de historia antigua… El dueño le dijo a mi amigo: ‘No hace falta que cierre la puerta de la habitación, aquí la gente es honrada. Al que no se mete en nada, no le pasa nada’. Es curioso que ese tipo de frases, tan oídas en el País Vasco, en vez de tranquilizarnos nos produce un verdadero estremecimiento. Porque ésa es la raíz de cualquier dictadura. Ya en el rodaje de Todos estamos invitados, algún transeúnte que lo contemplaba te decía alguna palabra amable, o alguna observación: ‘Ya era hora de que hicieran una película sobre esto…’. Pero al hablar bajaba la voz. ¡A estas alturas! Era una actitud refleja; el temor a que le oyera alguien que pudiera luego denunciarle a los batasuneros. Me recordaba algunas situaciones vividas en la dictadura de Franco… En fin, las violaciones de los derechos hay que denunciarlas cuando se debe y mientras se pueda, lo demás es historia.”

Hasta aquí perfecto. Y la comparación con lo que sucedía en la dictadura de Franco, muy acertada: esa combinación de miedo y de seguridad. Miedo a lo que te pueda ocurrir si “te significas” en la dirección “equivocada” y seguridad de que, mientras “no te metas en líos” nadie se va a meter contigo.

Pero Gutiérrez Aragón no se priva de añadir este comentario:

“Hoy hay gente en el Partido Popular que anima a defender la Constitución, las libertades en el País Vasco… Muy bien. Pero incluso las ideas más nobles pueden utilizarse en forma de porra para darle en la cabeza al discrepante. Ya me hubiera gustado a mí que defendieran lo mismo en el franquismo, con su presidente Manuel Fraga a la cabeza, que estaba entre los liberticidas”.

Este comentario se ilustra muy bien a sí mismo. Nada más cierto que “incluso las ideas más nobles pueden utilizarse en forma de porra para darle en la cabeza al discrepante”. Por ejemplo, una idea muy noble, en este caso la defensa de las libertades frente a la dictadura franquista, utilizada en forma de porra para darle en la cabeza al discrepante, en este caso los ciudadanos del Partido Popular. Ni el PP ni su presidente (de honor) Manuel Fraga son mi tipo. Pero no me parece que esa afirmación venga muy a cuento en este contexto. Personas como Gregorio Ordóñez, Miguel Ángel Blanco, María San Gil o Regina Otaola merecen más respeto que el que aquí les demuestra Gutiérrez Aragón.

En su entrevista en Hoy Cinema (suplemento de cine de ABC), aborda la cuestión de las simpatías que ETA despertó durante mucho tiempo en ciertos sectores de la población. Su análisis es el siguiente:

“Siempre se nos ha reprochado que no hacíamos películas sobre ETA. La explicación es que ETA viene de unos años del franquismo en que ellos eran unos luchadores antifranquistas más. Con el tiempo se ha ido cambiando el juicio hasta considerarles asesinos, pero eso no pasó de un día para otro. Se convirtieron en enemigos cuando empezaron a matar a representantes democráticos. Ha habido una evolución, y los que hacemos cine también hemos sufrido la misma evolución respecto a la consideración que se tiene de ETA.”

Hay aspectos en este breve párrafo que me resultan inquietantes.

El primero es el gregarismo que manifiesta. Utiliza un “nosotros” que, por lo que dice en la primera frase, se refiere a los cineastas españoles en su conjunto. Ese uso de la primera persona del plural da por supuestas dos cosas. Una, que todas gentes del cine español son y han sido siempre antifranquistas. Por lo que se ve, con Franco no había películas ni documentales; o los que había eran antifranquistas (lo cual es casi propaganda franquista). Vamos, que en el mundo del cine no hay ni ex-franquistas, ni ex-“apolíticos” ni esas gentes que miraban hacia otro lado que tanto abundaban en otros ámbitos. El otro supuesto es que en los cineastas españoles impera una especie de pensamiento único que hace que, por alguna extraña razón, todos se sensibilicen o se insensibilicen a la vez sobre las mismas cuestiones. Algo sospechábamos algunos, pero sorprende un reconocimiento tan claro como este.

El segundo, más inquietante aún, es la afirmación de que ETA no se convirtió en enemigo hasta que empezó a asesinar a representantes democráticos. O sea, que cuando, ya en la democracia, asesinaba a militares, policías, guardias civiles, taxistas, empresarios o supuestos camellos, o cuando extorsionaba o secuestraba a empresarios, no era un enemigo. Era un grupo antifranquista más. Por otra parte, no queda claro lo que entiende por “representantes democráticos”, porque ETA empezó a atentar contra cargos políticos de la UCD y AP desde el primer momento, así que se ve que se utiliza aquí un concepto de “representante democrático” peligrosamente restringido. Queda además la duda de cuánto tiempo se dieron algunos para llegar a la conclusión de que los etarras eran unos asesinos desde que empezaron a matar a representantes democráticos; por ejemplo, el senador socialista Enrique Casas (que supongo que sí será para él un “representante democrático”) fue asesinado en el 84, o sea que ya ha llovido. Nada de esto sería preocupante si Gutiérrez Aragón sólo estuviera haciendo una crítica o al menos una mera descripción de la evolución de la consideración que ETA le ha merecido a él y a otros muchos como él. Pero no es una mera descripción y menos aún una autocrítica, porque en ningún momento se distancia en lo más mínimo de esa evolución. Al contrario, parece asumirla sin el menor asomo de mala conciencia como lo más razonable y ético del mundo.

Pero algo de mala conciencia hay. Como no podía ser menos porque, si algo ha demostrado el tiempo, es que el enemigo de ETA nunca fue la dictadura y que la España democrática es tan enemiga suya como la franquista. Algo de lo que unos se dieron cuenta antes, y otros después. De las palabras de Gutiérrez Aragón se deduce que él fue de los segundos. No pasa nada. Nadie es perfecto y todos cometemos errores, errores graves incluidos. Pero esto, por lo que se ve, es más de lo que el narcisismo progre puede digerir.

Esta mala conciencia explica el aspecto más inquietante de su análisis de la evolución de la consideración de ETA: que divide a los españoles en dos categorías, los franquistas (contrarios a ETA) y los antifranquistas (que simpatizaban con ETA). De acuerdo con este relato, los antifranquistas hostiles a ETA sencillamente no existían, al menos hasta su propia caída del caballo. Pero sí existían. Otra cosa es ni Gutiérrez Aragón ni el resto de los que forman ese “nosotros” desde el que habla lo fueran. De ahí que necesite aferrarse a la visión de que todos los que plantaron cara a ETA antes que él eran liberticidas franquistas y, con ello, borrar de la historia a los demócratas que se opusieron a ETA. Lo contrario implica reconocer que, durante algún tiempo, ha estado en el bando de los liberticidas o de los que miraban hacia otro lado. Que ha habido un tiempo en el que había personas de distintos colores políticos, PP incluido, complicándose e incluso jugándose la vida en defensa de las libertades… y que él no formaba parte de ese grupo. De ahí que, también en esta entrevista sienta la necesidad compulsiva, pegue o no pegue, de arremeter contra los “muchos demócratas de nuevo cuño que en el franquismo también miraban para otro lado.”

No dudo de las convicciones democráticas de Gutiérrez Aragón. Tampoco de su rechazo sincero al terrorismo de ETA. Por lo que dice de su película, estoy seguro de que es un intento honesto de denunciar la persecución de que son víctimas muchas personas ante la cobardía e indiferencia de muchas más. Y confío en que Todos estamos invitados contribuirá a la causa de los defensores de la libertad. Sólo le critico la falta de humildad de reconocer que él y muchos otros como él han tardado más de la cuenta en comprometerse en defensa de las víctimas de ETA y de los demócratas que llevan tiempo atreviéndose a plantarle cara. Me alegro que se sume a éstos últimos. Pero un respeto, por favor. Éstos (militantes y cargos del PP incluidos) existían antes de que él se planteara hacer su película. Y además llevan tiempo esperando que se decida a hacerla. Pero bueno, ya está hecha. Y eso hay que celebrarlo así que, de nuevo, enhorabuena.

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4 Responses to El cine comercial rompe el tabú de ETA

  1. rafaelsanchezdiaz dice:

    La entrevista del HOYCINEMA no la he leido, pero con la de EL PAIS se me quedaron los ojos a cuadros con la frase que relatas. Parece ser ( por lo que he leido hoy en EL MUNDO y el otro día en EL CULTURAL) que la película va a ser honrada y sin rodeos. Pero a mí también me parece que llega con algunos lustros de retraso y que Gutierrez Aragón tiene asomos de mala conciencia. La veremos.

  2. Conchita dice:

    Me parece genial tu análisis de las entrevistas hechas a Manuel Gutiérres Aragón porque revelan mucho del personaje.
    Aunque vivo en San Sebastián, nací en valladolid y reconoczo que tengo uno de los defectos que achacan a los castellanos, soy desconfiada, por eso me temo que “una idea tan noble” como romper la equidistancia en el tema eta a favor de las víctimas será utilizada por Gutierrez Aragón, de alguna forma, para dar un zarpazo, aunque sea somero, al PP. Ojalá me equivoque y la pelicula realmente sea una verdadera denuncia del terrorismo etarra y de sus cómplices a todos los niveles y una muestra de solidaridad con sus víctimas y con quienes han tenido el valor de enfrentarse a las múltiples amenazas de eta.

  3. adri5 dice:

    Otra vez el jaenada ese, solo falta coronado. Ayyy, cuando pondremos actores de carreraaaaaaaaaaaaaaaa.

  4. babel36 dice:

    La película “Todos estamos invitados” deja bastante que desear. Es tópica, efectista y tiene serios defectos de guión, montaje y dirección. El mensaje es contundente, eso sí; pero cuando uno va al cine va a ver eso, cine.. y como tal, es bastante obviable.
    Un saludo!

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