La derecha moderna según la izquierda antigua

Leo, con lógico interés y, lo confieso, un cierto morbo, la trifulca del Partido Popular. La COPE y El Mundo arremeten contra Rajoy (nada sorprendente si tenemos en cuenta el resultado electoral y que Federico Jiménez Losantos nunca lo ha tratado con mucho cariño precisamente) mientras el ABC intenta desesperadamente la cuadratura del círculo. Pero lo más divertido de todo es la versión de los medios afines al gobierno.

Según estos medios, hasta hace semanas, el PP estaba en manos de unos dirigentes carcas, reaccionarios y franquistas, que habrían llevado al partido por la senda de lo que dieron en llamar “derecha extrema” (sólo Gallardón al parecer se salvaba). Pero, en unas semanas, todo ha cambiado. La derrota electoral ha hecho salir del armario a un ala supuestamente más moderna, liberal y demócratica.

¡Albricias! ¿Se imaginan un PP que moderara sus furores privatizadores o liquidadores de servicios públicos? ¿Que propusiera acciones decididas contra la especulación inmobiliaria y la corrupción? ¿Que se comprometiera con la aplicación rigurosa de la legislación medioambiental? ¿Que se sacudiera la tutela episcopal? ¿Que dejara de maltratar la enseñanza pública? ¿Que reconsiderara su oposición a la igualdad de derechos entre homo y heterosexuales? ¿Incluso, puestos a soñar, que apostara por la mejora de la calidad de nuestra democracia apoyando medidas que reforzaran la independencia del poder judicial o la reforma del sistema electoral?

Pero no, parece que la cosa no va por ahí. Busco y rebusco indicios pero en vano. Lo único que encuentro en los medios de comunicación progubernamentales como signo de “progresismo” es la apuesta por el entendimiento con las derechas nacionalistas. Que el deseo de alcanzar el poder de un partido de derechas a base de buscar pactos con otros partidos de derechas sea alabado por los opinadores de la izquierda como prueba inequívoca de progresismo sería sencillamente incomprensible fuera de España. Más aún si se tiene en cuenta que uno de esos partidos, el PNV, sostiene posiciones ideológicas propias del Antiguo Régimen, concediendo más legitimidad a unos supuestos “derechos históricos” que a la Constitución; y, lo que es más grave, actúa en consecuencia y amenaza constantemente con hacerlo todavía más. Pero esta es una de las cosas en las que Spain is different. Very different, realmente. Los analistas políticos “progresistas” españoles, que son los primeros en alarmarse y calificar de extrema derecha (con razón) a partidos como la Liga Norte italiana, presentan a sus equivalentes en España (por ejemplo, ERC) como partidos inequívocamente progresistas, de izquierda y, por supuesto, demócratas libres de toda sospecha salvo, si acaso, la de ser un pelín exaltados. Así que en eso consiste para la intelectualidad de nuestra peculiar izquierda el “giro al centro” del PP: en su disposición a conquistar el poder a base de aliarse con otras derechas tan rancias o más que él.

Tan sorprendente como el contenido de este “giro progresista” son sus supuestos protagonistas. Según la opinión dominante en los medios filosocialistas, sigue existiendo, claro, una “derecha extrema” representada por, entre otros, Aguirre, Zaplana, Acebes, Mayor Oreja, San Gil (¿?) y el propio Aznar. Pero en el otro sector Gallardón ya no cabalga en solitario. Ya no es, como dijo en su momento de sí mismo, un “verso libre”. Ahora rima con otros. Lo pintoresco es cuáles son esos otros. Uno esperaría que hubieran entrado en escena cuadros del partido hasta ahora relegados a un segundo plano. O cargos públicos que se hubieran caracterizado por aplicar políticas más liberales o progresistas. Pero no: resulta que el héroe que va a rescatar al PP del secuestro al que lo tiene sometido la “derecha extrema” es, pásmense ustedes, el que durante los últimos cuatro años ha sido su máximo responsable. Es el propio Rajoy, que, tras cuatro años de practicar el derechoextremismo, se habría caído del caballo y descubierto que los que tenían razón eran los que sistemáticamente descalificaban su política y lo acusaban de ser un peligro para la democracia. Un descubrimiento de ese calibre dejaría para el arrastre al más pintado, pero no a Rajoy, que, ni corto ni perezoso, parece decidido a encabezar la rebelión contra su propia política, como si lo mejor de ésta hubiera sido el hecho de que la hubiera dirigido él.

Y las sorpresas no terminan aquí. Otro de los apoyos más importantes que ha recibido Rajoy en su oposición a esa “derecha extrema” supuestamente incapaz de romper el cordón umbilical con el franquismo es… Don Manuel Fraga Iribarne. Sobran los comentarios.

Pero lo que a mí me quita realmente el sueño no es que la supuesta revuelta contra la política que ha practicado Rajoy la encabece el propio Rajoy, ni que el padrino político de la supuesta ruptura con el franquismo sea un ex-ministro de Franco. Eso quizá no pase de ser una de esas anécdotas más o menos chuscas que de vez en cuando depara la vida política. Lo que me pone de verdad los pelos de punta es que los dos apoyos fundamentales, los dos pesos pesados que respaldan el “giro progresista”, son Camps y Valcárcel. Si ese es el viaje al centro progresista que nos espera, ¡que Dios nos pille confesados!

Yo pediría a esos sesudos analistas del giro al centro del PP que salieran de sus mentideros madrileños y barceloneses y pasaran una temporada en Murcia. Además de disfrutar de la alegría y hospitalidad de la Región, tendrían la oportunidad de ver en acción a esa derecha renovada, moderna y liberal que tanto creen ansiar. Y se encontrarán con los campeones nacionales de, entre otras cosas, el pelotazo urbanístico, el alicatado hasta el techo de los espacios naturales, el abandono de la escuela pública, la sumisión a los dictados del integrismo católico, la objeción de conciencia a la educación para la ciudadanía o el nepotismo. Sólo nos falta el famoso “contrato de integración” de los inmigrantes; en eso nos han ganado por la mano nuestros vecinos del PP valenciano.

Claro que también es cierto que el PP de Valcárcel es un auténtico virtuoso del victimismo territorial. En su imaginario, el gobierno de España y todos los demás gobiernos autónomos (salvo el de la Comunidad Valenciana) son murcianófobos. Y lo son también los murcianos que discrepen de cualquier aspecto de su política. Que criticas el urbanismo feroz: estás en contra de que la Región prospere. Que denuncias la corrupción: quieres dañar la imagen de la Región. Más grave es si osas señalar las obvias incoherencias del PP en política hidráulica, porque eso te convierte directamente en un enemigo público. Ciertamente, los barones del PP en la Región de Murcia son discípulos muy aventajados de los líderes de las derechas nacionalistas y contribuyen decisivamente a la epidemia de regionalitis que padece España. Pero, claro, en el imaginario de la izquierda española eso es el no va más del progresismo. Si las derechas nacionalistas son las buenas y, por lo tanto, sus líderes son el espejo en que deben mirarse los líderes del PP, Valcárcel es sin duda el futuro. Eso sí, si la derecha que representan Camps y Valcárcel es la que sale triunfante en el conjunto de España, que se prepare esa progresía que suspira por ella. Va a entender el significado del refrán “cuidado con lo que deseas, no sea que lo consigas”

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One Response to La derecha moderna según la izquierda antigua

  1. Frani dice:

    Cuánta razón tienes. Que vengan a la Región y vean los procesados por delitos urbanísticos, el intento de urbanizar casi toda la Región, y las negligencias en muchas materias tanto educativas, sanitarias como infraestructurales que hay en la Región.

    Ahora resulta que la Región de Murcia es una de las que mayor índice de fracaso escolar tiene por culpa de factores externos cuando las competencias están traspasadas.

    Ahora resulta que la Región de Murcia es una de las que peor sanidad tiene junto con Comunidad Valenciana y Madrid por culpa de factores externos cuando están las competencias traspasadas.

    Ahora resulta que la Región de Murcia es una de las que va a llegar un “AVE de segunda a la Región de Murcia” cuando Valcárcel firmó con Álvarez Cascos un AVE aún peor.

    Y puede que seamos en gran parte ignorados desde el gobierno central. Y es verdad. Pero no creo que sea una murcianofóbia sino más bien un desconocimiento de lo murciano(todos los días vemos en los partes meteorológicos como muchas veces pasan de la Comunidad Valencia a Andalucía ignorándonos, o no dicen temperaturas de la ciudad de Murcia siendo las más alta de España…, por poner un ejemplo). Pero he de decir que en parte es culpa suya por no defender los intereses de los ciudadanos a los que representa por encima de ideas políticas más que para el “Agua para Todos”.

    Y me enfada que el PP y el PSOE de mi ciudad, Murcia, sólo discutan entre si metro o tranvía(cuando quizás la mejor solución sean ambas juntas en forma de metro ligero soterrado desde la circular a la estación de El Carmen).

    Y me enfada que el único argumento del PP en la comunidad autónoma sea ese “Agua para Todos” con todo lo que hay que hacer. Hay una reforma del estatuto de autonomía pendiente, hay una proposición sobre la provincia de Cartagena a la que PP y PSOE sólo dan respuestas con la boca pequeña, hay un sistema electoral injusto que divide la comunidad autónoma en circunscripciones electorales pero no me extraña habiendo un corrupto sentado en un sillón de la sede en Cartagena de la Asamblea Regional.

    UPyD en la Región de Murcia ya tiene las ideas políticas, el ideario que define la transversalidad. Ahora le falta bajar al ciudadano para decirle lo que piensa hacer con nosotros, para plantear respuestas, propuestas… Para que el partido salga a la calle haciendo como Rosa Díez hizo en Madrid y gracias a lo cual tiene su escaño.

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