Victoria pírrica

José Antonio Zarzalejos ha publicado un artículo, titulado La sentencia de los treinta años y citado en la página de UPyD, sobre la sentencia del Tribunal Constitucional que anula la llamada “ley Ibarretxe”. En su artículo, Zarzalejos defiende que la sentencia supone un espaldarazo legal muy importante para la unidad de España y un fracaso (más) de la estrategia secesionista de Ibarretxe y deplora que tal acontecimiento no haya tenido una repercusión acorde con su importancia. A riesgo de resultar aguafiestas, lamento tener que discrepar de Zarzalejos y de todos los que han expresado su entusiasmo por la sentencia. Y no lo hago porque esté en desacuerdo con su contenido, que no lo estoy en absoluto, sino porque ni creo que sea un espaldarazo legal importante para la unidad de España, ni un fracaso de la estrategia de Ibarretxe.

¿Por qué no es un espaldarazo legal importante a la unidad de España? Sencillamente porque tal unidad no necesitaba espaldarazo legal alguno. La Constitución Española es en este punto clarísima y proporciona a la unidad territorial todo el respaldo que ésta necesita. No es necesario poseer conocimientos cualificados de derecho constitucional para entender que excluye cualquier propuesta unilateral de modificación del modelo territorial, no digamos de consulta de secesión. De ahí que sea lógico el escaso eco de una sentencia que es tan noticia como lo sería que un congreso de matemáticos declarara que dos y dos son cuatro (por muy importante que sea el hecho de que dos y dos sean cuatro). Y para quien menos noticia ha sido es para los que votaron a favor de la Ley Ibarretxe en el Parlamento Vasco, o sea, los diputados del PNV, EA, Aralar, EHAK e Izquierda Unida. Cuando la aprobaron sabían perfectamente que era manifiestamente inconstitucional, que el Gobierno de España no podía más que recurrirla y que el resultado del recurso no podía ser otro que el que ha sido. Es pues lógico que la opinión pública haya prestado tan poca atención a la sentencia. Lo único que debería ser digno de comentario es que se haga perder el tiempo al TC obligándole a decir lo obvio a base de aprobar normas cuya inconstitucionalidad es evidente para sus propios promotores.

En cuanto al supuesto fracaso de la estrategia secesionista de Ibarretxe, creo que no hay tal fracaso. Lo habría si Ibarretxe y los que como Izquierda Unida apoyan su estrategia fueran tan ingenuos como para pensar que la secesión se iba a producir a través de la celebración de la consulta famosa. Pero no me parece sensato pensar que eran tan ingenuos como para no prever que la ley sería recurrida y que el resultado del recurso sería el que ha sido. ¿Qué ganan entonces con ello? Pues mucho: nada menos que hacer patente que el “derecho a decidir” de los vascos y las vascas (su eufemismo de moda para el derecho de autodeterminación) no cabe en la Constitución Española. Algo que todos sabemos, por lo que no es ningún descubrimiento jurídico necesitado de demostración alguna, pero que para la estrategia victimista de los nacionalistas y sus monaguillos es vital recordar día sí día también. El argumento es simple: lo democrático es que los vascos puedan decidir libre y democráticamente su futuro político; la Constitución Española no reconoce a los vascos ese derecho; luego la Constitución Española no es democrática. Con ello se pone en el centro del debate político un supuesto déficit democrático de nuestro régimen político y se convoca la enésima edición del concurso de ideas para superarlo, o sea, lo que en su lenguaje denominan “debate sobre normalización política”. Y, de paso, se presenta el terrorismo de ETA como consecuencia de dos causas supuestamente concomitantes: la inmoralidad de los propios terroristas y la ausencia de la “normalización” famosa. Y, en medio, los buenos de la película, o sea, los que sin practicar ni justificar el terrorismo presentan propuesta tras propuesta de “normalización política”. O sea, como siempre, los nacionalistas y cía. se autositúan, por usar la pregnante metáfora de Arzallus, como Cristo entre los dos ladrones, a saber, los inmovilistas intransigentes que niegan a los vascos el derecho a decidir y los salvajes que se empeñan en conseguirlo a tiro limpio.

Resumiendo: la estrategia de Ibarretxe y cía. no es jurídica, sino política, y como tal debe ser valorada y discutida. La derrota jurídica estaba cantada y es parte esencial del guión de su propaganda política (“una vez más, fuimos con la mano tendida, pero, una vez más, bla-bla-bla”). La retórica victimista del nacionalismo necesita alimentarse de decisiones de las instituciones democráticas españolas que puedan vender a la parroquia como portazos, negativas al diálogo o vetos a las iniciativas de las instituciones vascas. Anteayer fue la enmienda foral a la Constitución; ayer la propuesta de reforma del Estatuto; hoy es una convocatoria de referéndum de secesión. Y supongo que ya tienen pensada la de mañana, que, como las anteriores iniciativas, estará cuidadosamente diseñada para que tenga que ser rechazada por el gobierno, el parlamento, el Tribunal Constitucional o quien corresponda esta vez. En El bucle melancólico, Jon Juaristi resume acertadamente la estrategia nacionalista desde Sabino Arana: “perder para ganar”. Este que nos ocupa es un ejemplo más.

Por estas razones pienso que la táctica de los socialistas de rehuir el debate político de fondo y tratar este tipo de iniciativas como si fueran meras bravatas sin recorrido alguno es un error. Un error quizá electoralmente rentable a corto plazo, no lo sé, pero políticamente suicida a largo plazo. Me remito a un artículo mío anterior, Una consulta ilegal, inmoral e injusta (perdón por autocitarme, pero lo hago para no repetirme). Las iniciativas soberanistas de los nacionalistas vascos y sus monaguillos son ilegales por inconstitucionales, pero también inmorales e injustas. Limitarse a denunciar la inconstitucionalidad y presentar recursos es escurrir el bulto. Para los constitucionalistas españoles, empezando por los vascos, la victoria jurídica que supone la sentencia del TC es una victoria pírrica. Para los secesionistas vascos y sus palmeros esta derrota jurídica será una buena inversión política en su batalla propagandística de desprestigio y desligitimación de nuestra democracia. Mientras quien menos debería hacerlo siga inhibiéndose del debate político de fondo, al nacionalismo estas derrotas jurídicas, a largo plazo, lo seguirán engordando.

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6 Responses to Victoria pírrica

  1. filomeno dice:

    José Antonio Zarzalejos Nieto ha demandado por lo civil al gran Don Federico Jiménez Losantos

  2. Pedro Nicolás Zaragoza dice:

    Me parece un análisis estupendo y muy rico en matices. Y lo de matizar, que es siempre muy importante, lo es especialmente cuando se trata de explicar la estrategia de estos pájaros: pierdo para ganar, y todo esto lo disfrazo de moderación, buena voluntad y victimismo.

  3. José Ignacio Gómez dice:

    Certero en el análisis además de preciso y pulcro en la exposición, como siempre. ¡Enhorabuena!

  4. José Carlos Martínez Galán dice:

    Extraordinario análisis político. Me quito el sombrero.

  5. Como siempre, querido Manuel, tu analisis es brillante. Una pena que no haya mas analistas como tu en el Congreso. Bueno… paso a paso.

  6. carles dice:

    ¿ Era Sabino Arana un visionario o un adelantado a su tiempo?

    EL ANTINACIONALISTA

    elantinacionalista.blogspot.com

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