Y sin embargo, algo se mueve (en la política española)

Un partido no es un fin en sí mismo, sino un medio para cambiar las cosas. Los que fundamos UPyD desde luego lo hicimos con este espíritu. Estábamos convencidos de que nuestra democracia está sometida a una serie de tensiones que requieren reformas importantes. Y también lo estábamos de que los dos grandes partidos no sólo no estaban a la altura de las circunstancias sino que eran parte del problema. Como ciudadanos que deseamos ejercer como tales, nos sentimos en la obligación moral de intervenir en la política y, puesto que los partidos existentes no nos parecían instrumentos adecuados, apostamos por crear uno nuevo. Lo hicimos convencidos de que había demasiados españoles demócratas y progresistas que se sentían políticamente huérfanos y preocupados por lo que percibían como una la degradación de la política española. Es este convencimiento el que nos animó a ofrecernos para construir una alternativa.

Quedaba por ver si nuestra percepción de la situación política española era acertado. Y la respuesta ciudadana a nuestro proyecto era el experimento crucial que nos permitiría evaluar lo atinado o no de nuestros planteamientos. Ahora que cumplimos un año es un buen momento para hacer balance. Y éste es claramente positivo por dos razones.

La primera es que UPyD, a pesar de los muchos obstáculos que ha tenido que sortear y que no voy a enumerar, ha salido adelante. Si, como reza el título del libro de Carlos Martínez Gorriarán, hemos pasado de la calle al Parlamento, y en un contexto de polarización bipartidista sin precedentes, ha sido porque miles de ciudadanos se sumaron al proyecto y cientos de miles lo votaron. Aunque sólo fuera por dar la oportunidad a tantas personas de salir del armario político en que los había encerrado el sectarismo político que padecemos la aventura habría merecido la pena.

La segunda razón es todavía más importante. Como dije al principio, un partido es un medio, no un fin en sí mismo. Y, si eso es así, para justificar un nuevo proyecto político no basta con que éste logre construirse, implantarse, crecer y entrar en las instituciones. Es preciso que, además, el avance del partido logre el objetivo para el que se fundó. En nuestro caso, corregir el rumbo de la política española para que ésta recupere la racionalidad que a nuestro juicio estaba perdiendo. Y lo hemos logrado en una medida mayor de la que cabría esperar de un partido nuevo y todavía muy minoritario y desconocido porque hemos logrado dejar de ser la voz que clama en el desierto en algunos de los temas a los que dábamos y damos mucha importancia. Ahí van algunos ejemplos.

Durante la campaña electoral fuimos los únicos que insistimos en la necesidad de reformar una ley electoral injusta como parte fundamental de nuestro programa de regeneración democrática. Nada más celebrarse las elecciones lo que aparentemente sólo nos importaba a nosotros se convirtió en un clamor.

Otro de los pilares de nuestra propuesta de regeneración democrática es el cambio del sistema vigente de elección del Consejo General del Poder Judicial. El cambalache habitual entre los partidos mayoritarios, al que en esta ocasión se han sumado los nacionalistas, ha provocado un aluvión de críticas sin precedentes. La reforma del sistema de elección de los miembros del CGPJ era otra de las propuestas centrales de regeneración democrática que proponía UPyD. Ahora, por fortuna, ya son muchas las voces que antes callaban y que ahora se declaran indignadas por cosas que llevan sucediendo legislatura tras legislatura y que parecían indignarnos sólo a nosotros.

También parecíamos los únicos preocupados por la cohesión territorial. Ahora son cada vez más los que se rinden a la evidencia de que la política territorial del PSOE, cuya estela lleva tiempo siguiendo el PP cada vez con menos disimulo, conduce a un callejón sin salida. Y ente estas voces no faltan líderes de ambos partidos que hasta ahora no habían dicho esta boca es mía. Sin ir más lejos, como muy atinadamente ha comentado en su artículo Un poco de memoria nuestro compañero Rafa Sánchez, los socialistas murcianos se han destapado nada menos que con que el proyecto de reforma del Estatuto de Castilla-La Mancha, “rompe España”. Por decir cosas así tuvimos que oir de todo, especialmente de los suyos. Ahora parece que, afortunadamente, el tabú se empieza a romper.

Por último, alcaldes del PSOE y el PP han coincidido en poner encima de la mesa el problema de la financiación municipal, denunciando que la administración más desamparada económicamente es la local, y no la autonómica como se nos quería hacer creer. Así que parece que ya no estamos solos defendiendo que la prioridad en la reforma de la organización del Estado debe ser la siempre aparcada “segunda descentralización”.

Sería fatuo por nuestra parte pretender que estos cambios se deben sólo a nosotros, pero algo tendrán que ver con ellos que el único partido que hizo bandera de estas cuestiones haya entrado en el Parlamento y la labor que en él está haciendo su única diputada, Rosa Díez. Pero, sobre todo, sean cuales sean sus causas, lo que está claro es que los cambios que se están produciendo en el guión de esta legislatura en relación a la anterior y a la pasada campaña electoral demuestran que UPyD no era, como tantos dijeron e incluso algunos quizá hasta sinceramente creyeron, el capricho de un par de personas; ni surgía de las fantasías de un grupúsculo de intelectuales obsesionados por problemas que no importan más que a ellos. Los hechos demuestran que era un grupo de ciudadanos decididos a poner sobre el tapete problemas serios que sí importan a la opinión pública pero que los grandes partidos estaban empeñados en ocultar bajo la alfombra. La prueba es que ya no estamos solos defendiendo cosas como una ley electoral justa, la independencia del gobierno de los jueces, la segunda descentralización o el fortalecimiento de las instituciones comunes a todos los españoles. A los que se van sumando, bienvenidos al club, incluidos los que no van a tener la decencia de rectificar las descalificaciones de trazo grueso que nos dirigieron por decir lo que a ellos ahora los hechos les están obligando a reconocer

Por lo tanto, la irrupción de UPyD en la política española ha tenido ya un efecto saludable: cada vez son más los políticos y opinadores que empiezan a decir lo que realmente piensan y hasta ahora sólo parecíamos pensar nosotros. No me negarán que para un partido nuevo formado en su mayor parte por aficionados no está nada mal.

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