Sigue el esperpento del Consejo del Poder Judicial

Siento repetirme tanto, pero no lo puedo evitar. Cada noticia que aparece en la prensa sobre la renovación del CGPJ es más desmoralizadora que la anterior. Bastante triste es que la trayectoria profesional de los candidatos propuestos por los partidos ni siquiera se mencione y sí en cambio, y mucho, sus afinidades partidistas o su trayectoria política. Más triste aún es que, en algunos casos, lo único relevante de su Currículum sean los puestos políticos que han desempeñado. Pero lo más deprimente de todo es que, en su primera actuación, la elección del Presidente del Consejo, ya hayan hecho lo que esperan de ellos los que los han nombrado: comportarse como delegados de los partidos a cuya cuota pertenecen. Podrían haber actuado con autonomía deliberando y votando a los distintos candidatos. Pero no; eso también ha sido apañado entre Rajoy y Zapatero. Y ha sido elegido el candidato que, previo acuerdo con Rajoy, ha propuesto el Presidente del Ejecutivo. Hubo un conato de rebelión de algunos miembros, pero no, como nos hubiera gustado a los que nos tomamos a Montesquieu en serio, contra la injerencia. La rebelión ha sido de un grupo de los llamados “progresistas” (me gustaría a mí saber además quién es el que otorga esa credencial y con qué criterio) que han amenazado con negarse a votar al candidato del Presidente del Ejecutivo. Pero no por ser el candidato del Presidente del Ejecutivo o porque consideren que otros tienen una mayor categoría profesional o intelectual (que eso sí que hubiera sido progresista, sin comillas). No: ha sido porque no era suficientemente “de los suyos”. Y el argumento fundamental es, pásmense, ¡que es un católico ferviente! La religión que uno profesa o el fervor con que uno la practica han sido el rasgo que la prensa ha destacado como el más relevante a la hora de discutir su idoneidad. Una de dos. O el candidato en cuestión, como buen jurista, cuando se pone la toga basa sus decisiones en el derecho y no en los preceptos de su religión o bien lo hace basando sus decisiones en sus creencias religiosas y no sólo en el derecho. En el primer caso sus creencias o prácticas religiosas son irrelevantes y sacarlas a colación es una falta de respeto intolerante e intolerable hacia él y hacia todos los ciudadanos, católicos o no, pero especialmente a los católicos. En el segundo caso el problema no es su supuesto déficit de progresismo (como si no hubiera además católicos fervientes, y hasta fanáticos, que son superprogres), sino su incapacidad para separar el derecho de sus creencias particulares en el ejercicio de su función. En cuyo caso esta persona no es que no sea idónea para presidir el CGPJ, es que no debería ni formar parte de él ni ejercer la judicatura.

Lo chusco es que al final todo se ha resuelto porque el portavoz del grupo parlamentario socialista ha convencido a los “progresistas” rebeldes de que voten al candidato negociado por el Presidente del Ejecutivo con el líder del principal partido de la oposición. Así, de paso, se matan tres pájaros de un tiro: se toman a título de inventario, sin respetar ni las formas, la separación entre el poder ejecutivo y el judicial, entre éste y el legislativo y entre éste y el ejecutivo. Y no de cualquier manera sino dejando claro cuál está subordinado a cuál. Se ve que a nuestros líderes no les basta con ejercer un poder que no les corresponde. Necesitan además exhibirlo, hacer alarde de quién manda aquí, y punto. Eso sí, de buen rollito con el jefe de la oposición que, nadie lo olvide, se presentó con un programa en el que propugnaba la abolición del sistema de cuotas de partidos.

Y prepárense, porque, sin darnos tiempo a reponernos, empieza el culebrón de la renovación parcial del Tribunal Constitucional.

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One Response to Sigue el esperpento del Consejo del Poder Judicial

  1. Pedro L Martinez dice:

    Bien muy bien el articulo, lastima que no este en un medio de mas tirada, pero claro cual es ese medio que lo podria publicar. La tan cacareada “Independencia del poder judicial”, que por cierto todos estamos al tanto de que no existe, se une la independencia de los medios de comunicación que por supuesto tampoco existe. Actualmente tenemos dos pesebres perfectamente intercomunicados y que cada uno se acerque al que pueda, es indispensable, y el pueblo lo siente, que aparezca el pesebre del Estado democratico donde el todos tengamos a parte del voto una voz propia.

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