Qué envidia

Ante la crisis financiera, el Presidente de Estados Unidos ha propuesto un plan. Dicho plan tiene que ser presentado en el Congreso y, en su caso, aprobado para poderse realizar. Así que el Presidente ha tenido que tratar de convencer a los congresistas. No lo ha logrado porque parlamentarios de ambos partidos, incluido el del Presidente, han planteado serias objeciones. Siguen las negociaciones, así que no sabemos si el plan se aplicará tal y como ha sido propuesto, si se aplicará un plan modificado o si no se aprobará plan alguno. No sé cuál de las opciones sería la mejor (o la menos mala). Lo que sí sé es que una situación así en España es inimaginable.

En España lo normal es que, si el partido del Gobierno tiene mayoría absoluta, sus diputados voten lo que el Gobierno les mande, aunque les parezca un error grave. Y, si no hay mayoría absoluta, los jefes negocian con los jefes de otros partidos y, una vez que se alcanza un acuerdo, los diputados de los partidos en cuestión votan a favor, también aunque lo que voten no les convenza en absoluto. Y los partidos que no entran en el acuerdo, lo mismo: todos sus diputados votan en contra o se abstienen dependiendo de lo que digan sus jefes, incluso aunque estén de acuerdo en lo sustancial con la propuesta votada. O sea, tenemos un Congreso que funciona como un consejo de administración. Sería más práctico y no cambiaría nada que votaran sólo los portavoces de los grupos ponderando el valor del voto según el número de escaños de cada uno.

Claro que en Estados Unidos los candidatos al Congreso no van en listas cerradas y su reelección no depende sólo de su obediencia al líder. Así que el líder se ve en la tesitura de tener que convencer a parlamentarios de su propio partido o negociar con ellos, porque éstos no están dispuestos a votar lo que les pongan delante, sino sólo aquéllo que puedan justificar ante sus electores. Y, por la misma razón, no es extraño que un diputado del partido en la oposición vote con el Gobierno, aunque la mayoría de sus compañeros no lo haga. Un modelo de separación del poder ejecutivo y el legislativo (perdón por volver una y otra vez sobre lo mismo), de respeto a los electores y de democracia deliberativa. No quiero idealizar el sistema político norteamericano. Sé que tiene sus lacras, pero, desde luego, tiene esta virtud.

Virtud de la que carece el sistema partitocrático español. Sin ir más lejos, estoy convencido de que, si los diputados fueran elegidos por un sistema de listas abiertas, al nuevo Estatuto de Cataluña le habría sucedido lo que al plan de Bush porque más de uno y más de dos diputados socialistas no hubieran votado algo que no consideraban beneficioso ni para el país ni para los ciudadanos que los eligieron. Y que nadie se engañe: ni PP ni PSOE van a promover reformas que limiten el poder de sus cúpulas.

Anuncios

One Response to Qué envidia

  1. paradiso folk dice:

    ¿Qué podemos esperar de un país que vió su origen junto a la democracia? La verdad es que sí que es envidiable.

A %d blogueros les gusta esto: