Obama for president

Lo que suceda en la democracia más antigua del mundo, que es además la primera potencia económica y militar, no puede resultar indiferente a nadie. Menos aún a los ciudadanos del resto de las democracias. Y menos todavía a los ciudadanos de las democracias que, como España, son sus aliada. Si los ciudadanos norteamericanos eligen un buen presidente, será bueno para ellos, pero también para el resto de los demócratas del mundo mundial; si no lo hacen, el perjuicio no será sólo para los estadounidenses. Por eso las elecciones del día 4 no pueden sernos indiferentes. A mí, por lo menos, no me da igual quien gane el martes y, como no quiero jugar a ser profeta después del evento o tomar partido a toro pasado, voy a declarar mi preferencia: si tuviera derecho a hacerlo, votaría sin dudarlo a Barack Obama.

Desde la misma Declaración de Independencia, el respeto a los derechos humanos forma parte esencial de la identidad nacional de los Estados Unidos de América. Pero la presidencia de Bush, con sus leyes de excepción, ha supuesto un retroceso histórico en la protección de los derechos civiles, al permitir la detención de personas en condiciones inhumanas sin garantías jurídicas de ninguna clase. Es también parte esencial del proyecto de EEUU como nación la idea del “sueño americano”, la construcción de un país en el que haya una verdadera igualdad de oportunidades, en el que el futuro de los ciudadanos dependa de su capacidad y su esfuerzo. Durante la presidencia de Bush, sin embargo, los recortes en las inversiones públicas y servicios sociales han dejado a miles de ciudadanos sin más horizonte que la miseria. Ahí están, por poner el ejemplo más trágico, la falta de inversiones en los diques que protegían Nueva Orleans, desoyendo las advertencias de los expertos, que hizo que una catástrofe natural tuviera unas consecuencias más propias de los países del tercer mundo que de la primera potencia económica mundial. Es posible que esos ahorros beneficiaran a una parte de la población, pero lo que es seguro es que esos hipotéticos beneficios se obtuvieron a costa de los más desfavorecidos, de los miles de americanos que han quedado abandonados a su suerte. Es también parte de la esencia de los Estados Unidos el respeto a la economía de mercado. Estados Unidos es desde su fundación el país capitalista por excelencia. Pero el ultraliberalismo económico fanático de Bush impuso una desregulación a ultranza de la economía que seguramente ha favorecido el rápido enriquecimiento de muchos, pero cuyo precio ya conocemos: una crisis financiera que ha obligado al Estado a gastar sumas astronómicas del dinero de los contribuyentes para intentar rescatar a los bancos privados. Por último, es también consustancial a los Estados Unidos su vocación de liderazgo de las democracias occidentales al servicio de la paz, la seguridad y la legalidad internacional. Sin embargo, la acción más destacada de la administración Bush ha sido la invasión de Irak sin autorización de la ONU, sin consenso con sus aliados y justificada por la supuesta existencia de bases terroristas islamistas y de arsenales de armas de destrucción masiva que no han aparecido por ninguna parte. Resultado: cientos de miles de muertos inocentes, un Irak destruido y sumido en el caos y, ahora sí, convertido en refugio de todo tipo de organizaciones terroristas. Y un mundo todavía más inseguro en el que EEUU y, de rebote, las demás democracias occidentales han perdido prestigio y autoridad moral.

Por estas razones y otras muchas que podrían citarse, Bush ha sido algo peor que un mal presidente. Ha sido un presidente anti-americano.

Así que una de las ventajas de estas elecciones es que, gane quien gane, las cosas sólo pueden ir a mejor. Estoy convencido de que McCain sería mejor presidente que Bush. Aunque sólo fuera por su oposición a la tortura institucionalizada y su compromiso de restaurar la legalidad constitucional y respetar la internacional cerrando la vergüenza del centro de detención de Guantánamo. Pero no es suficiente. A pesar de esta muy importante rectificación de una de las decisiones más ominosas de Bush, McCain es básicamente el candidato de la continuidad. Y, por si pudiera quedarme alguna duda, él mismo me la ha disipado al elegir como candidata a la vicepresidencia a Sarah Palin, una partidaria de la enseñanza del creacionismo antievolucionista en las escuelas que además no tiene reparos en cargar al erario público gastos privados de sus familiares. Todos los indicios apuntan a que McCain representa básicamente el mismo conservadurismo reaccionario y frívolo del presidente saliente. Y para arreglar los estropicios de Bush no basta con un cambio de personas o la rectificación de algunas políticas. Es preciso un cambio de verdad.

Por eso creo que fue bueno que Obama ganara las primarias demócratas. Clinton era un cambio con respecto a Bush, pero no representaba una nueva política, sino más bien el regreso a fórmulas del pasado. Uno de los grandes errores que ha cometido EEUU fue, como ya casi nadie niega, la invasión de Irak. Clinton apoyó la invasión y Obama se opuso. Con ello éste demostró una inteligencia y una valentía políticas que no tuvo Clinton. Eso, a mi juicio, le da una credibilidad como líder de una verdadera alternativa, y no una mera alternancia, de la que carecían los demás candidatos, Clinton incluida. En una palabra, el único candidato del cambio era Obama.

Pero las razones por las que es deseable la victoria de Obama no son sólo negativas. No se trata ni del cambio por el cambio ni de un mero cambio de imagen (aunque tampoco eso viene mal de vez en cuando, por ejemplo ahora). El mensaje de Obama no es novedoso sólo por su estilo dinámico, brillante, moderno, cercano. También lo es en su contenido, en sus prioridades: una política exterior respetuosa con la legalidad internacional que restaure el prestigio de Estados Unidos y sus aliados, entre los que nos contamos y una política económico-social que garantice a todos los ciudadanos de la primera economía del mundo unos servicios públicos, por ejemplo sanitarios, como los que disfrutan los de países con muchos menos recursos.

Estas son las razones objetivas por las que creo que la victoria de Obama debería ser celebrada por cualquier demócrata progresista. Pero también hay otras más subjetivas por las que su victoria me alegraría. Obama era el candidato nuevo, desconocido, carente de apoyo de los aparatos de los grandes partidos. Sólo contaba inicialmente con los votos y el dinero de una minoría de ciudadanos ilusionados por su proyecto y con el uso imaginativo de internet. Y con un discurso claro y convincente al que sus adversarios sólo han sido capaces de intentar responder con la descalificación personal y el populismo barato. O sea, algo que a los de UPyD nos suena mucho.

(Y seguimos subiendo en las encuestas. YES WE CAN!)

Anuncios

2 Responses to Obama for president

  1. Ramón Ángel dice:

    No es de recibo que la primera potencia económica mundial, tenga un índice de mortalidad infantil superior a, por ejemplo, Cuba. La “democracia más antigua del mundo” solo lo es en titulares, sino contempla el derecho a la asistencia sanitaria universal. La salud, el derecho a su acceso sin discriminaciones, es imprescindible en cualquier sistema que pretenda ser verdaderamente democrático. La salud es el bien más estimable del ser humano. Sin salud para poder disfrutarlos, el resto de los bienes terrenales carecen de valor. Un tal Jesús lo comprendió hace más de 2000 años, y por eso su mejor regalo al hombre era restablecerle la salud. Curar al enfermo. No repartía sextercios entre los míseros.

    La muy creyente nación americana tendrá que comprenderlo también más de 2000 años después. Y sus dirigentes poner todo su empeño. Pero de verdad. Plantando cara al todopoderoso lobby de la sanidad privada. Aunque les vaya la vida política en ello.

  2. gorka dice:

    Pues sí, pues sí, don Manuel. Yo también votaría por Obama. Bueno, quizás, conociéndome, y de la misma firma que milito orgullosamente en UPyD, quizás votara si fuera americano a uno de esos idealistas candidatos desconocidos, diez en total sin contar a los dos más conocidos. No analizaré aquí las razones, pero sí que entre ambos dos, me quedo con Obama. Good lucky!

A %d blogueros les gusta esto: