33 años de bochorno

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El 6 de noviembre de 1975 se inició la Marcha Verde. Se trataba de una invasión militar en toda regla de la colonia española del Sáhara Occidental en la que el ejército marroquí utilizó a miles de civiles procedentes de todo Marruecos como escudos humanos. El entonces rey Hassan II trataba con ello de lograr por la fuerza aquello en lo que había fracasado en los tribunales internacionales de justicia y los organismos internacionales: la anexión del Sáhara Occidental.

España era entonces una dictadura desprestigiada que además se desmoronaba como consecuencia de la enfermedad del propio dictador. A pesar de ello, la diplomacia española hizo un buen trabajo y logró mostrar lo infundado de las reclamaciones irredentistas del Reino de Marruecos sobre su colonia. Pero no valió de nada. El Gobierno cedió al chantaje de la Marcha Verde y ordenó al ejército español que abandonara la colonia precipitadamente. Y, mientras la diplomacia española seguía trabajando con éxito para detener las pretensiones anexionistas de Marruecos, un sector del gobierno español negociaba la entrega de la colonia a Marruecos y Mauritania. Ante la consternación de los diplomáticos españoles, los Gobiernos de España, Mauritania y Marruecos firmaron los llamados Acuerdos de Madrid, en virtud de los cuales el Sáhara Occidental se entregaba a Marruecos y Mauritania.

Han pasado treinta y tres años de una violación del derecho internacional sin precedentes en los procesos de descolonización en África: la entrega de una colonia por parte de la metrópoli a un país vecino, negando a sus habitantes el derecho de autodeterminación reconocido por la ONU. Lo único que ha cambiado desde entonces es que Mauritania se retiró del Sáhara Occidental y la ex colonia en su totalidad pasó a ser ocupada por Marruecos.

Mientras tanto, la sociedad española ha vivido en la esquizofrenia. Por un lado, la gran mayoría de los ciudadanos rechaza la entrega a Marruecos del Sáhara Occidental, defiende la autodeterminación de los saharauis y colabora con las organizaciones humanitarias de ayuda a sus refugiados. Por otro, los sucesivos gobiernos, de uno y otro signo, llevan 33 años mirando hacia otro lado, aceptando de facto (aunque no de iure) la soberanía marroquí sobre su ex colonia, sin que a la ciudadanía eso parezca quitarle mucho el sueño.

Esta esquizofrenia es especialmente aguda en el caso de nuestras izquierdas. Los partidos de la izquierda española siempre ha hecho bandera de la autodeterminación del Sáhara. Pero eso no ha sido óbice para que el Gobierno socialista imprimiera a la política exterior española un claro giro promarroquí. Pero quizá lo más llamativo de todo es que los socios preferenciales de ese mismo gobierno que se inclinó hacia las posiciones de Marruecos más que ninguno de los anteriores eran Izquierda Unida y Esquerra Republicana de Catalunya. O sea, dos partidos que defienden la autodeterminación de Cataluña y el País Vasco. La gracia es que tal derecho no está reconocido internacionalmente, pero sí lo está el de los territorios coloniales como el Sáhara. Y así, mientras sus socios se entretenían proclamando derechos inexistentes, el gobierno al que apoyaban se dedicaba a colaborar con Marruecos en la negación a los saharauis de un derecho efectivamente existente.

Se dice que una imagen vale más que mil palabras. Creo que eso es cierto sólo a veces, pero esta es una de esas veces. Ahí tienen una foto de la visita con la que Zapatero se estrenó en política exterior cuando todavía estaba en la oposición. No se pierdan el mapa del “Gran Marruecos” que aparece en el monumento que inaugura junto a Mohamed VI y que no necesita comentarios. A los 33 años de bochorno, nuestro Presidente ha añadido su cuarto de hora de esperpento.

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