Lealtad negativa

1407_imAyer se presentó y se votó en el Congreso de los Diputados la proposición de UPyD solicitando al Gobierno que aplique la legalidad vigente e inicie los trámites para la disolución de los ayuntamientos gobernados por Acción Nacionalista Vasca. El partido socialista votó en contra y el papelón de justificar esa decisión le tocó al diputado Antonio Hernando. Éste optó por ignorar el contenido de la propuesta e intentar rebatir otra que él se inventó sobre la marcha. En su intervención básicamente se limitó a tirar de manual y desgranar, con los malos modos que se han impuesto en el grupo socialista cada vez que interviene Rosa Díez, la letanía habitual de descalificaciones, juicios de intenciones y acusaciones de trazo grueso.

Lo de salirse por la tangente es comprensible dada la necesidad que tiene el Partido Socialista de nadar y guardar la ropa. Ya se ha visto demasiadas veces en la situación de tener que justificar decisiones suyas que poco tiempo antes había etiquetado de antidemocráticas cuando quienes las proponían eran otros (encarcelamiento de De Juana Chaos, ilegalización de ANV, etc.). En cuanto a las descalificaciones, no tiene sentido ni siquiera ofenderse, porque mi impresión es que a quien se pretende asustar con esa artillería pesada no es al adversario político, sino a las filas propias. El mensaje está claro: “Este es el “fuego amigo” que le va a caer encima a quien caiga en la tentación, antes de que toque, de decir en público lo que piensa.”

Lo que sí me parece digno de comentario es la nómina de los destinatarios de los elogios implícitos del portavoz socialista. Según su planteamiento maniqueo hay dos tipos de partidos en España. Uno es el de los que él calificó, entre otras cosas, de desleales, que son los que propusieron y votaron a favor de la moción. Los otros, los que votaron en contra, se supone que son los leales, los que no usan el terrorismo como arma política, etc. etc.

La gracia del asunto es que entre esos partidos “leales” están los partidarios de que las franquicias de ETA se presenten a las elecciones y se oponen a la ilegalización de ANV, como antes se opusieron a la de Batasuna, como antes se opusieron a la Ley de Partidos, y antes de eso al Pacto por las libertades y contra el terrorismo. Están los que, a espaldas del Presidente socialista de la Generalitat catalana, fueron a Perpiñán a negociar con Josu Ternera. También los que, a espaldas los socialistas con los que gobernaban en coalición en el País Vasco, pactaron en Estella su exclusión política con los que asesinaban a sus concejales. Los que, más recientemente, no consideraron la negativa del alcalde de Mondragón a condenar el asesinato de un ex-concejal socialista motivo suficiente para presentar una moción de censura (pero sí en Azpeitia cuando el asesinado fue un empresario nacionalista). Los que han apostado y siguen apostando por la negociación política con ETA, presidente del Partido Socialista de Euskadi incluido.

Vamos, que los leales, en el imaginario socialista, son los que están radicalmente en contra de las líneas maestras de la política antiterrorista que el Gobierno asegura que aplica y que va a seguir aplicando. Y los desleales son los partidos y asociaciones de víctimas que lo que le piden es que la aplique con más rapidez. O sea, que para este Gobierno la lealtad no consiste en apoyar su estrategia política contra ETA, sino en atacar a los que sí lo hacen.

¿Se imaginan un ministro de Hacienda que acusara de desleales a los que le urgen a aplicar las leyes contra el fraude fiscal y considerara leales a los que están en contra de que se persiga a los defraudadores? Pues, en política antiterrorista, por chusco que parezca, eso es lo que hay. Claro que es un lujo que los socialistas se pueden permitir porque saben que, a la hora de la verdad, cada vez que se decidan a aplicar todo el peso de la ley contra ETA y sus franquicias, pueden contar con el apoyo de los supuestos desleales frente a la sistemática oposición de los supuestos leales. Y como pueden contar con ello, pueden dedicarse a marear la perdiz cada vez que les interese coquetear con los “leales”. La verdad es que con “desleales” así da gusto.

Sólo hay un fallo: que la gente es menos tonta de lo que los dirigentes socialistas parecen creer. Y la idea peregrina de que, como declaró ayer en el Congreso un diputado socialista, UPyD es la extrema derecha es una estupidez demasiado grande. No es sólo que nadie con dos dedos de frente se la pueda creer. Es que nadie con dos dedos de frente se puede creer ni siquiera que se la creen los que la dicen.

Anuncios

One Response to Lealtad negativa

  1. Ramón dice:

    Que cosas. Ahora resulta que soy un facha. Y yo sin enterarme.

A %d blogueros les gusta esto: