Zapatero habló claro. Y cumplió

Esto es lo que dijo Rodríguez Zapatero en Murcia en la última campaña electoral. Suele criticarse a los políticos que no hablan claro y que, cuando lo hacen, se olvidan luego fácilmente de sus compromisos. Bueno, pues en lo que se refiere al agua y la Región de Murcia hay que reconocer a Zapatero que fue clarísimo y que, además, ha sido fiel a la palabra dada. Dijo con claridad meridiana que no estaba por los trasvases y que los únicos recursos hídricos con los que debían contar los habitantes de la cuenca del Segura eran los generados en la propia cuenca. Y ha cumplido. Cuatro años antes ya había derogado el trasvase del Ebro hacia el Este y el Sureste peninsular (y sólo hacia el Este y Sureste peninsular, pero eso es otro tema). El plan hidrológico nacional basado en la interconexión de cuencas elaborado por Borrell cuando éste era ministro de González fue declarado anacrónico. La Ministra del ramo ha dejado claro, y habrá que suponer que es sincera, que el trasvase del Tajo medio no está ni siquiera en estudio. Sólo quedaba un difícil escollo: el trasvase al Segura desde la cabecera del Tajo; difícil porque lleva años funcionando. Pero hasta en eso ha cumplido. Ahí están para demostrarlo los votos favorables de los diputados socialistas al nuevo Estatuto de Castilla-La Mancha y las enmiendas presentadas a éste por el grupo socialista en el Congreso, que significan la desaparición a medio plazo de las aportaciones de agua de la cabecera del Tajo a la cuenca del Segura. Así que Rodríguez Zapatero puede decir con orgullo que ha sido fiel a la palabra dada.

Y ha cumplido también en su promesa de proponer un modelo que acabe para siempre con los pleitos interterritoriales a propósito del agua. Y lo ha hecho por el procedimiento más sencillo y radical: que cada comunidad autónoma gestione sus recursos hídricos y punto. Muerto el perro, se acabó la rabia. Queda el escollo de la Constitución. Pero de eso no tiene la culpa el presidente. Él hace lo que puede para cambiarla por la puerta trasera de las reformas estatutarias, y no puede negársele que en esto se ha esforzado todo lo que ha podido. Puede que finalmente algunos artículos del nuevo Estatuto de Castilla-La Mancha (o de cualquier otro) sean anulados por el Tribunal Constitucional. Pero sería injusto pedir a un presidente milagros. Lo justo es exigirle que haga todo lo que está en su mano para esquivar los obstáculos legales que vaya encontrando, Constitución incluida; y eso nadie de buena fe se lo puede negar.

Digo esto porque hay mucha gente muy mezquina que acusa a Zapatero de haber engañado a los ciudadanos con promesas falsas o de haber defraudado sus expectativas. Ellos sabrán lo que entendieron o qué expectativas despertó en ellos lo que entendieron. O lo que hicieron como que entendieron o las expectativas que hicieron como que despertaba en ellos lo que hicieron como que entendieron. Es problema es suyo y de los que les siguieron la corriente, no del presidente del Gobierno. Se supone que en los mítines se dice con demasiada frecuencia lo que el auditorio quiere oír, y no lo que de verdad se piensa. Sin duda a menudo es así y Zapatero no es una excepción. Pero no es lo que sucedió en el mitin de Murcia en lo que al agua se refiere. Sí dijo lo que el auditorio quería escuchar, a juzgar por el entusiasmo con el que los asistentes aplaudían su discurso sobre el agua. Pero también es lo que luego ha hecho. Así que si alguien se siente engañado, es que se engañó a sí mismo, porque de lo que dijo Zapatero en su mitin de Murcia no cabía esperar nada distinto de lo que está haciendo.

Entiendo que quienes optaron por el autoengaño anden desconcertados. Pero es un problema que deberían tratar con su psiquiatra, no una cuestión con la que tengan derecho a aburrirnos a los ciudadanos. Quizá, en la intimidad, Zapatero les dijo algo que los demás no hemos tenido oportunidad de escuchar. Si es así se trata de un problema suyo personal que deberán resolver también en la intimidad. Porque a los ciudadanos no nos importan ni las confidencias que hayan tenido con el presidente ni las fantasías que proyectaron sobre sus discursos. Nos importa sólo, y es a lo que debemos atenernos, lo que Zapatero dijo aquí en público. Y ahí está el vídeo para probar que el presidente dejó muy claro su pensamiento: la cuenca del Segura debe ser “autónoma”, es decir, disponer del agua que en ella se genere, y sólo de ella. Y, por si a alguien le quedaba alguna duda, terminó diciendo que “lo demás es trasvase [sic], trampa y engaño”. Más claro, agua. Y si algún partidario acérrimo de los trasvases no quiso darse por enterado, que no insulte la inteligencia de los ciudadanos rasgándose ahora las vestiduras.

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