La censura marroquí desembarca en Cartagena

images-1La larga mano de la dictadura marroquí ha conseguido, aparentemente sin mucho esfuerzo, que el Ayuntamiento de Cartagena vete a dos personas. Concretamente a Nadia Yasin y a Ali Lmrabet, que iban a participar en “La Mar de Letras”, la sección literaria del festival “La Mar de Músicas”. Este veto ha provocado la dimisión de la coordinadora, Lola López Mondéjar, y la renuncia a participar de Abdellah Taia, cuya inclusión en el programa se había alegado como prueba de la ausencia de censura. En un artículo, “¿Quién es marroquí?”, explica su negativa a ser utilizado como coartada para la censura (enlaces a las noticias: La Verdad y La Opinión y El País).

No voy a hacer más comentarios, porque he visto que lo que yo hubiera querido decir ya lo han escrito Rafa Sánchez y Ángel Montiel (reproduzco su artículo artículo a continuación), así que a ellos me remito. Sólo lamentar que hechos como este, que tienen como lamentable precedente la censura a Leo Bassi, proyecten una imagen tan injustamente negativa de la vida cultural de la Región de Murcia; en este caso, del merecidamente prestigioso festival La Mar de Músicas.

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montielÁngel Montiel. La feliz gobernación

LA MAR DE CENSURAS

Pongamos el siguiente supuesto: una ciudad de un país extranjero democrático decide en tiempos de Franco organizar un festival cultural temático sobre España, y sus promotores deben someter la programación al visto bueno del Palacio del Pardo. ¿Qué tendría que haber pensado en tal caso un demócrata español? No es preciso detallar la respuesta. ¿Cabe en cabeza humana, siguiendo ese supuesto, que tal festival en su vertiente literaria, diera la imagen real de España con los autores adictos al régimen, y con exclusión de los Martín Santos, los Goytisolo´s, los Arrabal, los Alfonso Sastre, los Ferlosio?… Supongamos que los responsables de ese imaginario festival hubieran justificado la programación de los Coros y Danzas de la Sección Femenina y la conferencia de Fernando Vizcaíno Casas con el pretexto de que “la embajada española paga parte del presupuesto”. Habríamos concluido entonces que las dictaduras legalizan en las democracias la persecución de la libertad que ejercen en su territorio mediante un golpe de chequera. Es decir, las democracias están en venta, con todos sus productos, empezando por las libertades, y las dictaduras pueden exportar la censura, si pagan bien, más allá de los límites bajo mando del reyezuelo correspondiente.
El supuesto que estoy planteando jamás se produjo en la historia del franquismo. Las relaciones “culturales” de aquel régimen se llevaban a cabo con otras dictaduras, mientras las democracias daban acogida a los artistas y escritores que se oponían a la tiranía española. Nunca estaremos suficientemente agradecidos por esto a Francia o México, por ejemplo.
Pues bien, lo que las democracias europeas no hicieron entonces contra la ciudadanía española –convertidos sus integrantes en súbditos de aquél nacionalcatolicismo casposo-, lo hace ahora el muy democrático ayuntamiento de Cartagena, que ha censurado a dos escritores del programa de actividades literarias de La Mar de Músicas porque no son del gusto de los burócratas de la embajada marroquí en España, que financian una parte del festival, sobre el que pensábamos que homenajeaba este año a Marruecos y no, desde luego, a su Gobierno, que en modo alguno es convalidable con los usos democráticos.
Lo grave, más allá de la propia censura, son los pretextos que se dan para justificarla. El director de La Mar de Músicas ha distinguido entre activismo político intelectual y literatura, como si la literatura, sobre todo bajo una dictadura, tuviera que ser el resultado de un ejercicio descontextualizado de la política y la sociedad. Si así fuera ¿qué necesidad habría de hablar de “literatura de Marruecos” o de cualquier otro país? Si las obras literarias –o las musicales, o las cinematográficas, o las…-surgieran de una abstracción universal desconectada del tiempo y del espacio daría igual organizar un ciclo sobre cultura norteamericana que sobre cultura iraní, pongamos por caso. De todas maneras, lo de Paco Martín, el director, se entiende –poco, pero se entiende- en el intento de jugar al posibilismo que todo gestor cultural empotrado en la Administración pública se ve obligado a ejercer.
Pero lo más grosero ha sido lo de la concejala de Cultura, Rosario Montero, quien en el último pleno municipal, a preguntas de la oposición sobre la dimisión de la directora de La Mar de Letras, Lola López Mondéjar, a causa de la censura marroquí, acatada por el Ayuntamiento, aseguró muy resuelta que “aquí nadie va a imponer sus intereses. Y esta señora quería imponerlos y no coordinarse con nadie para cerrar la programación”. Esta pobre concejala, a la que dan órdenes desde la embajada marroquí que ella acepta muy gustosa, dice que “aquí nadie va a imponer sus intereses”. ¿Nadie? ¿Ni siquiera los burócratas del Gobierno de Marruecos a través de ella misma? Y esto aparte de lo que desvela su particular sentido acerca de la función que ha de tener el director de un programa cultural. ¿Para qué querían a López Mondéjar? Si su función debía consistir en hacer lo que dijera la concejala que a ésta le había dicho previamente el censurador marroquí, para eso bastaba un funcionario y no una escritora que, como ella, ha dado muestras, incluso por encima de sus propias ideas, de actuar con independencia, diseñando un programa plural y abierto mediante el que ofrecer lo que se cuece realmente en la vida literaria marroquí, de la que curiosamente los dos nombres tachados resultan ser los más populares fuera de ese país.
Hay que recordar que este no es el primer caso de censura en La Mar de Músicas. El pasado año, el socialista Margalef también fue tachado de una mesa redonda, en aquella ocasión sobre literatura francesa, y no por intervención de la embajada, sino por la autoridad de esa concejala de Cultura que tan orgullosa está de emplear el lápiz rojo.
Sorprende el gran revuelo que generó el caso Bassi y la absoluta indiferencia con que se ha valorado éste, tal vez porque La Mar de Músicas, aparte de un magnífico festival, es un extraordinario pesebre para muchos intelectuales que, en la distancia corta, son incapaces de distinguir entre unas y otras censuras.

(La Opinión de Murcia, 22 de febrero de 2009)

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One Response to La censura marroquí desembarca en Cartagena

  1. Carmen dice:

    Sólo quiero insistir en que La Mar de Letras era un estupendo festival precisamente por el buen criterio, la dedicación y la amplitud de miras de su ex-directora. La concejala, patética.

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