Impaciencia invertida

alice02aEn un anuncio de una conocida cadena de hamburgueserías un viandante denuncia a la policía que un desconocido, aprovechando un descuido, le ha introducido dinero en el bolsillo. El policía califica la acción de “carterismo invertido”. El denunciante ve de repente al autor, que no es otro que el “rey de las hamburguesas” y la historia termina con la policía intentando detener al “carterista invertido” y el lema “Cuidado con este hombre; puede llenarte los bolsillos de pasta”.

Uno de los descubrimientos más notables que me ha deparado mi iniciación en la política activa es el curioso fenómeno, hasta ahora para mí desconocido, de la “impaciencia invertida”. El impaciente invertido es un tipo paradójico. Como el impaciente a secas, padece un síndrome de insatisfacción crónica, para frecuente irritación de sus compañeros de fatigas. Pero, al revés que la del impaciente normal, la insatisfacción del impaciente invertido no disminuye, sino que aumenta a medida que las cosas progresan. Son los avances los que le producen desazón, no los parones o retrocesos. Los éxitos no lo tranquilizan ni siquiera momentáneamente. Por el contrario, son lo que más desespera al impaciente invertido. Porque lo que el impaciente invertido espera como agua de mayo es un sonoro fracaso y nada le saca tanto de quicio como que las posibilidades de un buen batacazo se vayan diluyendo.
El personaje de las ilustraciones es el Conejo Blanco de Alicia en el País de las Maravillas (desagradable como casi todos los personajes con los que Alicia va topando). El Conejo Blanco va con un reloj en la mano murmurando angustiado “llego tarde, llego tarde”. Al final del libro Alicia averigua el porqué de tanta prisa: temía no llegar a tiempo para actuar como heraldo en la fiesta de la Reina de Corazones.

alice37aPorque eso es lo que le sucede al impaciente invertido: vive en el terror de llegar a la fiesta demasiado tarde. Por eso, aunque, como el impaciente normal, siempre se queja de que el tren lleva retraso o circula demasiado lento, no se relaja cuando el tren sale a su hora o acelera su marcha. Por eso lo que en realidad lo saca de quicio son la puntualidad o la alta velocidad. Porque lo que le angustia no es, como al impaciente a secas, que el tren no llegue a su destino, sino que llegue antes de que le haya dado tiempo a buscarse el acomodo al que aspira. El impaciente invertido no teme que el tren se pare o se estrelle. Lo que teme es que la arrancada sea demasiado brusca y el ritmo más vivo del que él puede seguir.

El impaciente tiende a la precipitación y la imprudencia, el impaciente invertido se caracteriza por la cautela. Más preocupado por evitar fracasos que por alcanzar logros, le aterra apostar por un caballo perdedor, así que espera a que otros hayan dado con éxito los primeros pasos para comprometerse. El impaciente es voluntarista, para él el triunfo está siempre al alcance de la mano. El impaciente invertido es más bien cenizo, según él siempre vamos hacia el abismo (del que él, claro, se ofrece para salvarnos). Como buen optimista, el impaciente es confiado. Para él todo el mundo tiene buena voluntad, mientras no demuestre lo contrario… varias veces. El impaciente invertido no se fía de nadie: donde el impaciente ve errores, él sólo ve desidia o mala fe. El impaciente suele ser hiperactivo. Por eso sabe lo que cuestan las cosas y respeta el trabajo ajeno. El impaciente invertido siempre tiene otros compromisos más importantes. Para él sólo existen dos tipos de acciones: las pocas pero muy publicitadas que hace él y las que se hacen solas. El impaciente es pesado, pero da la cara, a riesgo de que alguien, impacientado por su impaciencia, se la parta. No así el impaciente invertido, siempre al acecho, pero desde el anonimato, por persona interpuesta o disfrazado de simple mensajero, evitando los foros en los que las víctimas de su maledicencia puedan desmontar sus calumnias. El impaciente hace propuestas de forma compulsiva y extemporánea. El impaciente invertido no propone ni opina, sólo da órdenes y dicta sentencias. Con el impaciente razonar es difícil. Con el impaciente invertido es imposible: las razones de los demás para él no son razones sino excusas. El impaciente fustiga sin misericordia a los que cree, muchas veces injustamente, que no hacen lo suficiente. En cambio, a los que el impaciente invertido no perdona es a los que saben y se atreven a hacer lo que él ni sabe ni se atreve. Por eso dedica todos sus esfuerzos a ganarse su confianza primero y a abusar de ésta para desacreditarlos después. El impaciente es indisciplinado, su afán le lleva a saltarse las normas. El impaciente invertido respeta escrupulosamente las dos únicas normas que conoce: que él diga y haga lo que le dé la gana y que los demás hagan y digan lo que le dé la gana a él. A eso, el impaciente invertido lo llama democracia.

Con el impaciente hay que tener paciencia. Con el impaciente invertido la paciencia es inútil. Afortunadamente, también es innecesaria. Basta con trabajar y seguir el plan previsto. Porque el impaciente invertido sabe dos cosas solamente, pero, eso sí, las sabe muy bien. Una es que, aunque señale enemigos por todas partes, su único enemigo verdadero, como para el Conejo Blanco, es el tiempo. Y lo es porque, y esta es la otra cosa que sabe, el tiempo tarda muy poco en poner a cada uno en su sitio. Sobre todo cuando la nave, como sucede con Unión Progreso y Democracia, va en buenas manos, viento en popa a toda vela y sin desviarse de su rumbo.

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12 Responses to Impaciencia invertida

  1. rafaelsanchezdiaz dice:

    Además, hecen creer que son multitud; luego obtienen resultados perdedores de 110 a 8… o de 48 a 5. Da igual, seguirán ¡¡¡ exigiendo democracia interna!!! y afirmando que ellos son las auténticas “bases” del partido y que los demás no hacen nada. Tal y como dices, el tiempo va a tardar muy poco.

  2. Beatriz Becerra dice:

    Magnífica fábula-reflexión, veraz como la vida misma… Afortunadamente, existe también la “ardiente impaciencia”, como la del cartero de Neruda, que nos lleva a tantos a pedalear sin descanso, arriba, arriba, con el sentido del servicio bien grabado en la frente y la certeza incuestionable de que lo bueno, necesariamente, es obra de muchos.

  3. Juan dice:

    Manuel, este partido sabe lo que quiere. Los cuatro frikis que quieren otras cosas harían bien en montar su propio partido para seguir debatiendo chorradas per sécula seculorum y poniéndose a parir los unos a los otros en sus foros para adolescentes post-LOGSE, y así dejar que los demás hagamos política. Afortunadamente ya los tenemos fichados. Un abrazo.

  4. Javier Flores dice:

    Qué razón tienes Manuel.

  5. Anselmo Palacios dice:

    Magnifico articulo Manuel,parte de estos frikis que
    no se atreven a montarse un partidito, son los que nos dan un poquito la lata, no coseguiran nada, el 28 quedo clara la posicion del CP, ahora solo nos falta
    meter un poco de mano en las armas de destruccion masiva, como foros y correos electronicos que se utilizan sin ningur rigor. Un abrazo

  6. Pedro Nicolás dice:

    Yo no he pillado la moraleja… A ver si cuando vayamos a Murcia quedamos, nos tomamos unas cervezas y me la explicas. Un abrazo.

  7. Una impaciente? dice:

    Me da la sensación de que la palabra “friki” es utiliza con el significado de “el que no opina como yo”, sin que la palabra designe nada en cuanto a las características de la persona a la que se le coloca la etiqueta.
    Lo digo porque en mi zona geográfica, cercana a la vuestra, verdaderos “impacientes invertidos” (en el sentido en que los define este artículo)están llamando “frikis” a aquellos que simplemente “les molestan” en su camino de obtener beneficios personales.
    Espero de verdad que en breve el tiempo ponga “a cada uno en su sitio”, aunque me gustaría que hubiera intervención humana, pues eso sería una garantía de que “la nave va en buenas manos”

  8. diegopchp dice:

    Manuel, magnífico artículo literario. Pero la verdad es que no sé de qué va todo esto. Si tuviesemos mas información los afiliados podríamos opinar sobre ello. Siempre y cuando se nos dé permiso para ello, visto algunos comentarios leidos.

  9. Nieves-Daganzo-Madrid dice:

    Tu impaciente invertido, por lo que cuentas, es uno de los diferentes tipos de mediocres, conscientes de que lo son, que lajonan la vida en todas sus facetas.

    Me gusta como escribes… 😉

    Saludos desde Madrid de aquélla a la que guiaste por medio Bilbao la víspera de las elecciones vascas…

  10. creo que me falta un capitulo dice:

    Estimado Manuel, me desola el que en nuestro partido ya tengamos estos casos, creo que hay que optar por posuras dialogantes e integradoras, pero tambien hay que tener muy claro cuales son los foros donde se han de presentar las posturas y opciones, creo que es tan sencillo como dejar que las bases presenten sus opciones y que sean votadas en asamblea. Tambien indicar que todos somos un poco frikis, hecho por el cual nos afiliamos a un partido donde ni en los mitines pedimos el voto.
    A seguir trabajando que pronto llegaran las europeas.

    (Ultimamente cada vez que dejo un mensaje en un foro, terminan poniendome a caldo. todo lo indicado anteriormente es una reflexion personal y hecha sin maldad alguna, tal vez desde la ingenuidad, ya que creo que me falta algun capitulo.)

  11. Parida_ dice:

    Ya tenía yo ganas de escuchar a alguien soltarlas tan a gusto y tan bien…
    Parece que existe “algo” más allá de finisterre.

  12. carla dice:

    Me aburres; con antagonismos, diacronías y sincronías. No, no me gusta tu exposición porque invita a la dispersión, me gusta el relato costumbrista, que está presente entre lo popular y lo culto, y, no me gusta como escribes porque no entiendo nada de lo que dices,así pues, mientras te decides a explicarlo, ó no (siguiendo en tu ambigua línea), y, continuando con el cuento para niños, te diré: tú y tus cartas francesas(si fueran españolas serían sotas de bastos), más por si acaso.

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