La coherencia del PNV

ibarretxeaberrieguna08Está siendo muy comentada la reacción del PNV ante la posibilidad, y ya casi certeza, de que Patxi López será elegido Presidente del Gobierno vasco. Como era de prever, la idea no les ha sentado nada bien, cosa comprensible. Como era también de prever, aunque esto resulte menos comprensible, se han apresurado a negar legitimidad al nuevo gobierno. Y esta negación de legitimidad ha sido muy duramente criticada, y con toda la razón del mundo, por todas las personas con sensibilidad democrática (incluidos, quiero creer, muchos votantes nacionalistas). Sin embargo, pienso que la histérica reacción de los peneuvistas está siendo mal interpretada y que incluso los que más duramente están criticándola están, involuntariamente, presentando una visión de los planteamientos políticos del PNV más benévola de la que éstos merecen. Porque el PNV deslegitima los gobiernos no nacionalistas, sí, pero también los nacionalistas.

Me explico. Se acusa al PNV de identificar a su partido con las instituciones y de patrimonializarlas hasta el extremo de considerar ilegítimo un Gobierno vasco no presidido por uno de los suyos, por mucho que sea elegido por una mayoría de diputados elegidos por los ciudadanos, tal y como establece el Estatuto de Autonomía. La acusación es justa, pero se queda corta: la verdad es que el PNV considera ilegítimos también los Gobiernos que él preside. Porque la mayor anomalía política en el País Vasco no es que haya un grupo terrorista que considera ilegítimas las instituciones, ni que haya partidos nacionalistas que consideren que gobernar el País Vasco es un derecho suyo. La mayor aberración es que el partido que ha gobernado hasta ahora ininterrumpidamente considera ilegítimas las propias instituciones que controla.

Esto no me lo invento. La legitimidad del Gobierno y el Parlamento vascos deriva del Estatuto de Autonomía, que contiene una cláusula en la que se afirma que la aprobación del Estatuto no implica la renuncia por parte del pueblo vasco de los derechos históricos que le puedan corresponder. Esa claúsula, para un constitucionalista, no deja de ser puramente folklórica (aunque no por ello menos fuera de lugar). La razón es que el Estatuto, a su vez, deriva su legitimidad de la Constitución Española y los derechos históricos que pudieran corresponder no pueden ser otros que los reconocidos por ésta. Y ésta los reconoce, pero en el marco de la propia Constitución. Así que, desde una óptica contitucionalista, las menciones a los derechos históricos, por mucho que chirríen en una Constitución democrática, son inocuas.

Pero esto es así sólo desde una óptica constitucionalista, que no es la del PNV. El PNV, fiel a sus planteamientos tradicionalistas heredados del carlismo, considera que los derechos históricos prevalecen sobre cualquier constitución y, por lo tanto, sobre cualquier estatuto de autonomía que la desarrolle. Por eso no votaron la Constitución del 78, porque ésta establecía, como no podía ser menos, que, en caso de conflicto entre esos supuestos derechos históricos y la Constitución, prevalecía la Constitución. Y por eso votaron el Estatuto, porque, desde su perspectiva, la cláusula de los derechos históricos no es puramente folklórica. Para ellos sí hay unos derechos históricos, previos y más fundamentales que la Constitución, de los que el pueblo vasco es titular y a los que sólo él podría renunciar. Por eso para ellos era importante que la mayoría de los vascos no votara la Constitución (como según ellos sucedió y no se cansan de repetir) y que el Estatuto que sí votaron contuviera la cláusula de no renuncia.

La supuesta no aprobación de la Constitución en el País Vasco y la cláusula en cuestión son lo que ha permitido al PNV mantener la visión de que hay un divorcio entre legitimidad y legalidad. La primera descansaría en esos derechos históricos. La segunda en la Constitución y el Estatuto. El PNV, a diferencia de ETA, ha aceptado hacer política respetando la legalidad, pero siempre con la reserva de que esa legalidad no es legítima y, por lo tanto, su aceptación sólo es justificable en la medida en que sea un instrumento útil para acercarse al objetivo de establecer un orden político plenamente legítimo.

De esto se sigue que, para el PNV, la legalidad constitucional tiene un valor instrumental y sólo instrumental, pero en ningún caso es una fuente de legitimidad política. De lo que se sigue, a su vez, que las instituciones vascas, aunque legales, carecen de verdadera legitimidad, las gobierne quien las gobierne. Esta es la gran paradoja política del nacionalismo vasco, como ha señalado, por ejemplo, Joseba Arregi en La nación vasca posible: que ha construido y administrado durante décadas unas instituciones a las que su propio discurso político niega legitimidad.

Y, claro, sería mucho esperar que un partido reconociera la legitimidad democrática de un gobierno de otro partido después de años de deslegitimar sus propios gobiernos. Si cuando gobernaban ellos aceptaban la legalidad en virtud de la cual gobernaban sólo por razones puramente pragmáticas, lógico es que adopten la misma actitud cuando gobiernan otros. La única duda que puede quedar es si considerarán que, aun no gobernando ellos, sigue habiendo razones pragmáticas para aceptar la legalidad. Yo creo que sí, que saben que si rompen la baraja y se echan al monte, el horizonte de la plena soberanía de Euskal Herria se alejará todavía más. Por muchas bravuconadas que suelten en el Aberri Eguna, no los veo yo dispuestos a perder otra carlistada.

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4 Responses to La coherencia del PNV

  1. Carlos dice:

    No se sabe nunca lo que va a ocurrir… La cabra puede tirar al monte con su legitimidad sin abandonar el comedero gratis de la granja legal…

  2. Ramón Ángel dice:

    Que no habrá debajo de las alfombras de Ajuria Enea y en las cloacas institucionales vascas, para que estén tan enfadados y nerviosos.

  3. David dice:

    Veremos que se encuentran debajo de las alfombras, o veremos si quieren mirar debajo de ellas, que esa es otra.
    http://ciudadano-rebelde.blogspot.com

  4. diegopchp dice:

    Lo importante ahora no es tanto el pasado, la incoherencia que tantas veces ha demostrado en su historia el PNV, sino el futuro del actual gobierno en el País Vasco. La mayoría de los vascos esperan encontrar la coherencia y la madurez democrática en los llamados partidos constitucionalistas – PP , PSE y UPyD – y no en el PNV, que les ha demostrado su capacidad de jugar con la legalidad y legitimidad a su antojo.
    El futuro del País Vasco afortunadamente ya no está en el PNV.

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