Almudena Grandes y las Rosas

almudena-grandesUna de las noticias políticas estrella de los últimos días ha sido el nombramiento como consejera de la Junta de Andalucía de la ya ex-alcaldesa de Córdoba Rosa Aguilar. El partido socialista y los medios afines se han cuidado muy mucho de establecer comparaciones con el caso de Rosa Díez. Cosa lógica después de todos los ataques personales que le han dirigido por su decisión de abandonar el PSOE. También se han abstenido de hacerlo los de IU y el PP. Algo igualmente lógico por eso de no dar publicidad gratuita al adversario.

Pero a Almudena Grandes la ha traicionado su subconsciente estalinista y no ha podido reprimirse. En una columna titulada Siempre Rosa se despacha a gusto contra Rosa Aguilar, a la que toma como modelo de persona que, en lugar de servir a la política, se sirve de ella. Y la contrapone a los políticos del siglo XX, para los cuales la política era “el noble arte de conducir a los pueblos hacia su futuro” (alguien debería darle esta adalid de la memoria histórica un pequeño barniz de historia del siglo XX  para que se entere de cuál fue el futuro al que fueron conducidas las víctimas de esos conductores de pueblos). Aunque la Rosa que motiva el artículo es Rosa Aguilar, la autora no se priva de rematar la faena soltando una coz a Rosa Díez:  “Rosa Aguilar ha demostrado que es una mujer de su tiempo. No me ha sorprendido. Cada país, en cada momento, tiene los políticos que se merece. Últimamente, parece que en España se llaman Rosa.”

Con lo cual, sin quererlo, hace a Rosa Díez el inmenso favor de invitar a comparar ambos casos. Veamos. Una de las Rosas obtiene una alcaldía en las listas de una formación política, se distancia de dicha formación y, sin abandonar ésta, acepta una consejería en un gobierno regional de otro partido y renuncia a la alcaldía. La formación por la que concurrió a la alcaldía, claro, la expulsa. La otra Rosa obtiene un escaño en el Parlamento Europeo en las listas de una formación política, se distancia de dicha formación, se da de baja, renuncia al escaño obtenido (uno de esos que ahora tantos dicen que son tan chollo), crea otra formación política por la que nadie daba un duro, se presenta a las elecciones por esa nueva formación y obtiene un escaño en el Congreso de los Diputados. O sea, transfuguismo puro y duro frente a justamente todo lo contrario.

A Rosa Díez le han llovido desde su expartido todo tipo de acusaciones. Las más frecuentes, las de tránsfuga o traidora. Y eso que al abandonar el partido renunció al escaño que obtuvo en sus listas y no ha vuelto a tener un puesto político hasta que no se presentó de nuevo en un nuevo partido. Cabría esperar que esos acusadores se subieran por las paredes ante el caso Rosa Aguilar, que pasa directamente de alcaldesa de IU a consejera de un gobierno socialista. Pero no, no he oído a ninguno. Parecen encantadísimos de su nuevo fichaje. Así que, por si quedaba alguna duda, ya han dejado claro lo que realmente les escocía: que renunciara al escaño y volviera al parlamento tras presentarse a unas elecciones. O sea, que no fuera una tránsfuga. Nunca se lo perdonarán.

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4 Responses to Almudena Grandes y las Rosas

  1. Pedro Nicolás dice:

    Muy buena la comparación. Y con lo de “el noble arte de conducir a los pueblos hacia su futuro” hay que echarle de comer aparte… Sin duda Almudena Grandes pertenece a esa media España (en dramática y vulgar simplificación machadiana) que ha de helarme el corazón. Menos mal que, efectivamente, luego se encarga de calentártelo a coces.

  2. Rafael Ortega dice:

    A estas alturas estamos acostumbrados a las críticas indicriminadas, una estimación de voto de 800.000 votantes es demasiado dura de asimilar. El problema es que hay mucho paro, y mas de uno teme por su puesto de consejero auxiliar del secretario del teniente de alcalde de “torremontijo del rio”.

  3. Juan dice:

    Por eso Hitler se hizo llamar Führer ( el guia) el entendia la politica con la misma nobleza que Almudena…. La politica es el arte de servir a los ciudadanos no que los ciudadanos sirvan y sigan a los policos e iluminados de turno como si fueran profetas que con los que debemos cruzar el desierto,pero esta mujer tiene un cacao mental que no puede con el, y eso le viene de lejos asi que no es cuestion que cambie ahora, ella quiere creer que es de izquierdas y progresista y vive feliz en su mentira. Yo en cambio que me gustaria creerme que soy Brad Pitt pero por degracia la realidad me dice que no y careciendo de la misma capacidad de autoengaño que esta señora solo me queda la envida cochina. Asi que critico a Almudena por envidia (supongo) por su asombrosa capacidad creerse lo que no es.Quien fuera ella.

  4. Francisco Prieto Toro dice:

    No estoy de acuerdo. Me parece sumamente injusto aplicar el termino “subconsciente estalinista” a una escritora de la talla de Almudena Grandes, la escritora de obras tan maravillosas e intimistas y revolucionarias (por lo que nos descubren del alma femenina) como las EDADESD DE LULÚ Y MALENA ES UN NOMBRE DE TANGO.
    Yo soy de Córdoba, y puedo decir que Rosa Aguilar ha sido una alcaldesa muy querida por los cordobeses, otra cosa es su relación con IU, sabido es que no pagaba la cuota desde hacia años, desde que IU perdió el norte (nunca mejor dicho) con Madrazo.
    De todas maneras el siglo XX estuvo lleno de políticos que si cumplen las características que dice Grandes: Gandi; Churchill; Degaul; Eisenhower, este último ordenó filmar las escenas de los campos de exterminio para que nadie pudiese negar en el futuro dicho hecho. No solo existieron Hitler y Stalin.
    Si que no comparto su afirmación sobre las Rosas de los tiempos modernos, por las dos Rosas, a las que admiro. Pero tampoco hay que sacar las cosas de quicio.

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