El Orgullo

DSC_3951A lo largo de los siglos millones de personas han sido víctimas discriminaciones injustas de las más diversas índoles. De entre éstas, una particularmente cruel es la discriminación por la orientación sexual. Y es particularmente cruel porque afecta a un aspecto especialmente profundo de la propia personalidad: nada menos que el tipo de personas de las que uno se enamora o por las que se siente sexualmente atraído.

La homosexualidad, a diferencia de, por ejemplo, el sexo, el color de la piel o el origen familiar, es fácil de ocultar. Es un rasgo no determinado por la filiación o el lugar de nacimiento y no se nota en el aspecto. Tampoco tiene por qué notarse en el comportamiento, ni siquiera en el sexual: el homosexual puede reprimirse e incluso forzarse a tener una conducta heterosexual, o bien tener relaciones homosexuales de forma clandestina. Y en esa situación de clandestinidad es en la que han vivido millones de personas a lo largo de siglos.

DSC_4005La clandestinidad de los homosexuales ha sido forzada por la acción combinada de dos instrumentos muy eficaces. Uno es la represión. Hasta hace unas décadas, todos o casi todos los países (incluidos los democráticos) tenían leyes que penalizaban la homosexualidad. En España, por ejemplo, la Ley de Peligrosidad Social. Todavía hoy hay numerosos estados en los que se persigue legalmente la homosexualidad, e incluso se la castiga con la pena de muerte.

El otro instrumento es el escarnio. Pocos comportamientos inocentes han sido tan ridiculizados como la homosexualidad. El niño, desde que tiene conciencia, es decir, desde antes de tener orientación sexual alguna, se ve sometido a un continuo bombardeo de expresiones, chistes y juicios de valor orientados a la interiorización de estereotipos negativos sobre la homosexualidad. Este bombardeo, en las personas heterosexuales, genera homofobia, muchas veces inconsciente. En las personas homosexuales genera algo más cruel: la vergüenza. Una vergüenza que afecta a algo tan íntimo como la propia sexualidad y afectividad y que, además, se padece con más intensidad en relación con las personas más próximas, aquellas de las que todos esperamos el apoyo más incondicional. Como dijo el presidente de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales en la inauguración de la semana del Orgullo de Murcia, el niño negro, al menos, no tiene que confesarle a su padre que es negro. De ahí que el principal reto de las personas homosexuales no sea luchar contra “enemigo exterior”, o sea, las leyes represivas y las conductas discriminatiorias, sino vencer al “enemigo interior”, asumir sin complejos su propia condición. Esa es la razón de que los primeros movimientos de protesta tuvieran como lema, precisamente, el orgullo; y de que esa siga siendo la palabra con la que se denominan las marchas y jornadas reivindicativas del colectivo. La palabra “orgullo” fue adoptada por el movimiento de liberación homosexual en los países de habla hispana como traducción del término inglés “pride”. Y “pride” tiene como una de sus acepciones (cito el Oxford English Dictionary) “conciencia de la propia dignidad”. O sea, lo que en castizo expresaríamos con la frase “y a mucha honra”.

Esa y no otra es la razón de que haya marchas, días y semanas del Orgullo. No que los gays y lesbianas piensen que su orientación sexual los convierta en seres superiores, ni que consideren su orientación sexual como un logro sólo al alcance de una selecta minoría. Simplemente significa que no se avergüenzan de serlo y que, por lo tanto, se niegan a seguir ocultándolo o disimulándolo. Que son maricones o bollos, sí, y a mucha honra.

¿Que hay muchos homosexuales a los que no les gusta la estética de estas marchas? ¿Que éstas a veces pueden resultar excesivas o provocadoras? ¿Que pueden escandalizar a personas en principio no hostiles a la causa? ¿Qué pueden soliviantar a los homófobos y provocar su reacción? Pues pienso que sí. ¿Es eso una razón para no hacerlas o para no apoyarlas o participar en ellas? Pienso que no. Entre otras razones porque eso era justamente lo que muchos objetaban a las marchas y actividades de la iniciativa ciudadana “Basta ya”, o sea, el embrión de mi partido, Unión Progreso y Democracia. Y de pocas cosas estoy tan orgulloso como de haber participado en San Sebastián en las manifestaciones de “Basta ya”. Porque, con todos los respetos para las actuales marchas del Orgullo gay, para “provocación”, aquéllo.

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4 Responses to El Orgullo

  1. Pedro Nicolás dice:

    Me parece muy pertinente recordar la ecuación orgullo=pride=”a mucha honra”, ya que la palabra “orgullo” parece ser el superargumentazo de muchísimas personas (no necesariamente homófobas) para denostar los desfiles del Orgullo Gay. Además, estoy absolutamente de acuerdo con eso de que lo malo que uno pueda ver en los desfiles del Orgullo Gay no es óbice para no apoyar su existencia.

  2. Pedro Nicolás dice:

    Corrijo: “no es óbice para apoyar su existencia.” ¡Ay, la doble negación y el principio del tertium non datur!

  3. Pedro Martinez dice:

    Aclaración oportuna para mi propia conciencia, tambien tenemos la palabra Gay= anglofona= homosexual, entonces se podria decir “homosexual a mucha honra”, bueno, si somos todos iguales en cualquier parte de España que vivamos, y es lo que nuestro Partido predica, se podria crear el dia del “etereosexual a mucha honra”, por eso de la igualdad, si se me quiere decir que han estado perseguidos, y es verdad, y un sinfin de cosas mas, y es verdad y que eso justifica una discriminación positiva, o como se le quiera decir, y ahora tienen que compensarse, pues bien, sea.
    Pero compensemos tambien a las comunidades con sus idiomas que tambien han sido perseguidos,y tantisimas cosas mas, pero me parece que esto ya es otra historia.

  4. Pedro Nicolás dice:

    ¿?

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