El Pilatismo

r-simeonypilatosNo es para nadie un secreto que la corrupción no es una práctica aislada. Por el contrario, las diversas formas de corrupción, desde el nepotismo y el mobbing al funcionario que cumple con su obligación hasta el cohecho puro y duro son moneda corriente en la política española. Y la política de la Región de Murcia no es precisamente una excepción: basta ver la proporción de alcaldes imputados por la Justicia por irregularidades graves, generalmente vinculadas al urbanismo, pertenecientes tanto al Partido Popular como al Partido Socialista.

¿Cuál es la reacción de ambos partidos ante esta situación? No se me ocurre una expresión más adecuada que la del “pilatismo”, o sea, la de lavarse las manos como Poncio Pilatos. Por supuesto, los líderes de uno y otro partido se mesan los cabellos ante cualquier sospecha que afecte a un cargo del adversario político. Piden comisiones de investigación, dimisiones, ceses, responsabilidades políticas y lo que haga falta. Ahora bien, en cuanto el acusado es uno de los suyos, la cosa cambia. Siguen rasgándose las vestiduras, claro, pero por distintas razones. Por ejemplo: las campañas de prensa, las acusaciones sin pruebas, la hipocresía de quienes ven la paja en ojo ajeno pero no la viga en el propio, las cortinas de humo para ocultar los verdaderos problemas (por ejemplo los casos de corrupción del otro partido), las filtraciones interesadas, las violaciones de la presunción de inocencia, etc. Desde la lógica pilatista, la distinción fundamental no es entre políticos honestos y deshonestos, sino entre los “nuestros” y los “otros”. Los otros son siempre aprovechados que se escudan en su poder para ocultar sus delitos, amparados por su partido. Los propios son víctimas de maquinaciones y calumnias.

El resultado es que, ante cualquier sospecha de corrupción de uno de los suyos, la reacción de los partidos es, primero, negarlo todo y denunciar una conspiración. Cuando se ve que “hay algo”, obstaculizar las investigaciones. Cuando la cosa ya no se puede parar, delegar en la Justicia y, hasta entonces, pasar de todo. Y cuando, finalmente, tras largos y complejos juicios, hay condena, entonces sí, expulsar del partido a la persona en cuestión y presentarse como víctimas de ésta.

Lo que no hace ningún partido es tomar cartas en el asunto y asumir su obligación de ser el primero en vigilar que sus cargos públicos actúan dentro de la ley. Para eso, dicen, están fiscales y tribunales. A ellos que los registren. Como si no fueran ellos los que eligen a sus candidatos, les renuevan su confianza, alaban su gestión y marcan sus líneas maestras. Y, cuando ya no se puede negar la evidencia de que han confiado la gestión de los asuntos (incluidos dineros) públicos a personas sin escrúpulos, lo que toca es lavarse las manos sin, por supuesto, seguir denunciando airadamente la pasividad del adversario ante sus propios corruptos.

Y así nos va, claro. Tenemos un sistema político que concede un poder desmesurado a las cúpulas (nacionales y regionales) de los partidos: ellos hacen las listas, cerradas y bloqueadas, de modo que el que se mueve no sale en la foto. Cabría esperar que, en justa correspondencia, se consideraran responsables, no sólo de los aciertos, sino también de los desmanes de sus cargos electos. Pero no, para la filosofía pilatista, cuando el jefe de un partido no tiene más remedio que reconocer públicamente lo que todo el mundo, incluido él, sabía desde, hace tiempo, lo que procede es lavarse las manos como si ese alcalde o concejal hubiera estado durante años en la alcaldía o concejalía por obra y gracia del Espíritu Santo.

Porque el pilatismo sólo tiene dos reglas muy sencillas. Mientras se pueda negar la evidencia, se niega y se aguanta el chaparrón. Y, cuando no, se expulsa del partido al implicado y se lava uno las manos de las fechorías cometidas.

Un buen ejemplo: el último capítulo del culebrón del ex alcalde de Lorca.

(En la foto, las figuras de Simeón y Pilatos desfilando el viernes santo en Lorca; contra lo que sería de esperar, el Pilatos lorquino no es ningún dirigente del Partido Socialista de la Región de Murcia).

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