ETA no está enloquecida

EspanaNegraEl Eusko Gudariak es el himno de los proetarras. Pero el más adecuado sería la popular canción “No estamos locos, sabemos lo que queremos”. Porque no están locos, y saben lo que quieren. Son unos criminales pero no están locos, ni padecen un estado de enajenación mental transitoria. Ni permanente.

Saben lo que quieren y no lo ocultan. Ni lo ocultan en los comunicados de reivindicación de atentados ni lo ocultan en las declaraciones de tregua. Y además no lo han ocultado nunca. Su objetivo es un Estado vasco independiente, reunificado, socialista y euskaldún. Eso es lo que llevan repitiendo desde hace décadas, y eso es de lo que demasiados llevan demasiado tiempo haciendo como que no se enteran. Si se les concede lo que exigen, dejarán de asesinar. Y si no se les concede, seguirán asesinando. Es así de simple. Se les podrá echar en cara muchas cosas, pero no haber ocultado sus objetivos ni los medios que están dispuestos a emplear para conseguirlos. Desde luego que ha habido quien ha tratado de oscurecer la estrategia y la táctica de ETA, pero no ha sido la propia ETA. Eso ha sido cosa de pescadores que han querido pescar en río revuelto. Pero ETA no. Si alguien se ha equivocado acerca de esto es porque se ha engañado a sí mismo, no porque ETA haya hecho el menor intento de engañarlo.

A quién asesinen dependerá en cada momento de a quién puedan y les interese asesinar. Ésto último depende de si asesinar les resulta útil para lograr sus objetivos. Y ésto a su vez depende de la esperanza que tengan en forzar una negociación con el Gobierno español en la que éste se muestre dispuesto a hacer concesiones políticas a cambio del fin de su actividad terrorista. Mientras tengan la menor esperanza, considerarán que lo que ellos llaman “lucha armada” (o la amenaza de reanudarla en los periodos de tregua) es un medio útil para acercarse a su objetivo.

Hablo de utilidad porque es lo único que los etarras se plantean. Frente a los argumentos morales están impermeabilizados. Desde su perspectiva (delirante, sí, pero es la suya, que es lo que importa en este contexto) lo que reclaman a España es un derecho fundamental cuya negación equivale a un genocidio. Y los derechos fundamentales no se negocian: se exigen. Se negocian los procedimientos o los plazos o la letra pequeña, pero el derecho en sí no. Y si el derecho que se niega es nada más y nada menos que el de seguir existiendo, el recurso a la violencia es un acto de legítima defensa. Así ven las cosas, y a quién ve así las cosas los argumentos morales contra la violencia, no digamos los argumentos legales, les suenan, en el mejor de los casos, a música celestial y, en el peor, a puro cinismo.

Así que de lo único de lo que depende que sigan asesinando es del beneficio que puedan obtener de esos asesinatos. Por lo que la única manera de persuadirlos es hacerles llegar a la conclusión de que ese beneficio va a ser nulo. Y para lleguen a esa conclusión hacen falta dos cosas: que tengan claro que no son invencibles (en su lenguaje, que la capacidad represiva del Estado es suficiente para ponerles las cosas cada vez más difíciles) y que tengan igualmente claro que, hagan el daño que hagan, no va a haber negociación política con ellos.

Lo primero hace tiempo que se lo están poniendo muy claro las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y la colaboración internacional. Lo segundo tenemos que dejárselo claro los ciudadanos oponiéndonos a cualquier intento de final negociado de ETA. O sea, lo contrario de lo que el Gobierno y sus aliados hicieron en la legislatura anterior y todavía algunos defienden. Mientras no tengan claro que no se volverá a las andadas, los etarras tendrán razones para pensar que los asesinatos, por mucho rechazo que provoquen, son para ellos una inversión rentable.

En resumen, el único mensaje que ETA espera escuchar es el de “hay que acabar con esto como sea. Y el único que le puede romper los esquemas es el de “hagáis el daño que hagáis, no a todo”, o sea, el que muchos hemos defendido siempre.

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