Las guerras banderizas

TorreLezanaLas guerras banderizas que asolaron el País Vasco en el siglo XV son uno de los ejemplos más claros de lucha motivada, no por motivos políticos o religiosos, sino por una descarnada ambición de poder. En ellas, los distintos linajes nobiliarios, bajo la dirección de sus “parientes mayores”, se agrupaban en bandos para combatir a los otros. Las alianzas entre linajes no se basaban en afinidades de ninguna clase. Su único objeto era acumular fuerzas para, si era posible, aniquilar al bando contrario y, si no lo era, negociar una paz lo más ventajosa posible. Una paz que duraba sólo el tiempo que cada bando necesitaba para prepararse para el siguiente ataque. Estas guerras terminaron cuando los vascos no sujetos a servidumbre, o sea, los habitantes de las villas, se aliaron contra ambos bandos y, con el apoyo de su Rey (el de Castilla), los derrotaron.

Pero no se conformaron con derrotarlos sino que adoptaron medidas que les impidieran volver a las andadas. La más decisiva fue suprimir los propios linajes, declarando la igualdad de todos los habitantes de las provincias vascas (de ahí viene la controvertida “hidalguía universal”) y, entre otras cosas, obligando a su belicosa nobleza rural a desmochar sus fortalezas. Muerto el perro, se acabó la rabia. La supresión de los linajes puso fin a la pesadilla de las guerras banderizas y favoreció la evolución hacia una sociedad más igualitaria, moderna y próspera (un igualitarismo, una modernidad y una prosperidad exageradamente idealizados siglos después por los románticos, pero eso es otra historia).

Uno de los problemas de los partidos políticos españoles son precisamente sus guerras banderizas internas. No se trata, afortunadamente, de enfrentamientos violentos. El pistolerismo político hace tiempo que pasó a la historia, salvo en cierta siniestra organización que actúa sobre todo precisamente en los antiguos escenarios de las guerras banderizas. Las bandas de nuestros partidos no utilizan las armas de guerra propias de la vieja nobleza de espada, sino la intriga, la zancadilla, la adulación, la amenaza con sacarte de la foto, la maledicencia, el clientelismo y el resto de las armas propias de la vieja nobleza de capa cortesana. Las víctimas no quedan descalabradas en un campo de batalla, sino, según las condiciones de rendición que puedan negociar, condenadas al ostracismo o jubiladas en puestos de escasa influencia o visibilidad, aunque bien remunerados.

Porque la fachada de unidad que los partidos intentan transmitir, con más o menos facilidad según el tamaño del botín a repartir en cada momento, es sólo eso, pura fachada. Detrás de ella, los saludos efusivos y los aplausos unánimes dejan paso a las guerras de bandos. Y cuando hablo de bandos no me refiero a las distintas corrientes de opinión o los distintas candidaturas a liderar el partido. No podría referirme a eso aunque quisiera porque eso es precisamente lo que ha desaparecido del PP y el PSOE. En ellos los debates entre corrientes de opinión o tendencias ideológicas son agua pasada porque las guerras ideológicas o programáticas han cedido ante las guerras de bandos, o sea, guerras en las que lo que se debate no es cuál es el mejor programa político y cuáles son las personas más indicadas para llevarlo adelante, sino el reparto puro y duro de la tarta del poder. Lo que une a las familias de un bando es el “¿qué hay de lo mío?” y lo que les separa de los enemigos es el “quítate tú que me ponga yo”. De ahí la pasmosa facilidad con la que pasan de defender una cosa a defender la contraria.

Ojo de nuevo: no quiero decir ni que todos ni que la mayoría de los militantes de PP y PSOE tengan como motivación principal conseguir el trozo más grande posible de la tarta del poder para sí y para sus fieles. Lo que sí creo es que, desgraciadamente, su organización interna tiende a favorecer una selección negativa en la que no son los más honestos o con mejores ideas los que medran, sino los más hábiles a la hora de debilitar al adversario y de fraguar alianzas ventajosas. Cuando las cuestiones políticas o la trayectoria personal pasan a un segundo plano, entramos en un terreno abonado para los intrigantes y los oportunistas. O sea, el terreno de las guerras de bandos, no de las guerras ideológicas o programáticas. No es que haya pensamiento único, es que el “¿qué me ofreces?” es el único pensamiento.

Uno de los objetivos del reglamento del Congreso de UPyD es precisamente evitar que se reproduzcan en el nuevo partido las lacras que padecen nuestros competidores políticos. Y, como la alianza de los burgueses vascos y el rey de Castilla en el siglo XV, lo que se persigue es evitar la aparición del tipo de linajes que protagonizan las guerras banderizas internas de los grandes partidos. ¿De qué linajes estoy hablando? Básicamente de dos tipos: las taifas territoriales y las pequeñas sociedades de socorro mutuo. Y los bandos que se forman no son sino alianzas entre estos linajes para el reparto del poder. Para evitar la aparición de taifas territoriales se ha optado por establecer claramente que cada delegado en el Congreso represente al conjunto de los afiliados, no sólo al los de su circunscripción, y que acude al congreso libre de mandato imperativo alguno. Asimismo, se ha optado por la circunscripción única para la elección de los miembros del Consejo Político, sin cuotas territoriales. Para evitar la aparición de las camarillas de socorro mutuo se ha optado por la elección directa del Consejo de Dirección por parte de los afiliados. Y para evitar tanto unas como otras se establece que cualquier afiliado pueda ser candidato al Congreso y al Consejo Político sin avales ni territoriales ni de ninguna otra clase. En cuando al Consejo de Dirección, el único aval que necesita es que otros veinte afiliados quieran formar una candidatura con él. Unas candidaturas cerradas, como debe ser en un órgano ejecutivo, para evitar el mayor de los males de los otros partidos: que la composición de sus órganos ejecutivos sea el resultado de las componendas de mesa camilla entre los parientes mayores, a espaldas de los afiliados y de los propios delegados al Congreso. (Para quien no lo sepa, la ejecutiva del PSOE se elige por listas abiertas; y por eso, no a pesar de eso, su elección es tan opaca: porque la manera de conseguir votos suficientes para todos los miembros de la lista es conceder su cuota a cada linaje en cambalaches de última hora de la madrugada del día de la elección). Frente a esa opacidad, se ha optado por la total transparencia: cada afiliado sabrá qué candidaturas hay y quiénes las forman. Y quienes tengan más votos formarán el Consejo de Dirección, sin que entre el voto del afiliado y la composición final se interpongan los regateos de los parientes mayores de los linajes o los jefes de los bandos en que éstos se agrupen. Los que se quieran agrupar que lo hagan antes de someterse al voto de los afiliados, no a toro pasado en los pasillos.

Un partido debe ser un espacio donde todos los que compartan los principios fundacionales puedan confrontar sus ideas y los que aspiren a puestos de responsabilidad compitan libremente. Para que eso sea así es preciso dejar fuera de juego a los linajes porque donde hay linajes hay  guerras banderizas y donde hay guerras banderizas no hay lugar para las corrientes de opinión y la democracia interna. Las guerras de bandos arrasan con todo y sus primeras víctimas suelen ser los afiliados con ideas políticas y ganas de defenderlas. Éstos tardan poco en hastiarse y tomar el camino del exilio hacia lugares más habitables, como hicieron miles de vascos que se fueron a repoblar las tierras recién reconquistadas por Castilla. Con lo que el campo va quedando libre para los que en el terreno del debate político se sienten perdidos, pero a la hora de bandear dan a cualquiera sopas con hondas. Si quieren un ejemplo próximo y reciente, fíjense en la triste historia de Ciudadanos (mis paisanos pueden fijarse también en las desventuras del Partido Socialista en la Región de Murcia). Esperemos que sean pocos los tentados por el más absurdo de los pecados: la envidia de los males ajenos.

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8 Responses to Las guerras banderizas

  1. Nani dice:

    Ojalá la historia per se nos pudiese mostrar el camino del acuerdo, del pacto y del bien común. En UPyD tenemos una grandísima oportunidad de lograr esto en el seno del partido. Espero que la sepamos aprovechar.

  2. rafaelsanchezdiaz dice:

    Más claro, agua; mejor, imposible…, aunque creo que a pesar de tu brillnte explicación, seguirá el raca raca de quienes mantienen que un órgano ejecutivo, cualquiera que quiera ser serio, democrático y eficaz, se pueda elegir de una manera distinnta a como lo vamos a elegir en nuestro Congreso. Una opinión que, unas veces de forma sincera y otras con no tan buenas intenciones, es un verdadero disparate.

  3. imerida49 dice:

    Buenas: mi querido amigo todo lo cerrado, tarde o temprano se descompone, el agua, el vino, el aceite y hasta el ser humano y es por falta de ventilación, aire fresco que renueve el oxigeno necesario para la vida. Las listas cerradas solo potencian el egocentrismo, la prepotencia y el centralismo más acerrimo. Por lo que veo a Vd, lo del federalismo que propugna UPyD no le ha llegado y como tal el Estado de las Autonomias tampoco, parece Vd, preferir el Estado Centralista y Totalitario. Entonces mi pregunta es ¿ que pinta Vd, en UPyD ? el Manifiesto está para algo y no cumplirlo en el seno interno del Partido es hacer lo mismo que el resto de partidos basar su funcionamiento en una hipocresía de cara a la galeria. Disculpe la intromisión y saludos. Ignaio Mérida

  4. Pascual Lopez BUesa dice:

    La discusión de si el consejo de dirección debe de ser elegido en listas abiertas o cerradas es lícita, conveniente y seguro que habrá argumentos a favor de una u otra opción. Lo que despide un olor muy diferente es que los defensores de una opción echen literalmente del partido a los defensores de la otra opción. En un caso así, lo decente es defender al expulsado independientemente de que se esté a favor de listas abiertas o cerradas.

    • Manolo dice:

      Nadie ha sido expulsado, ni expedientado, ni suspendido de militancia por defender ni listas abiertas, ni cerradas, ni nada parecido. Es sencillamente imposible, porque sólo se puede abrir un expediente por razones previstas en los estatutos y las normas de organización interna que los desarrollan. Que no incluyen el “delito” de defensa de ningún tipo de listas. Si alguien está expedientado, con razón o sin ella, tiene que ser por alguna de las causas previstas en la normativa del partido.

  5. Sake dice:

    Me parece un artículo muy interesante y documentado. Siempre tenemos ocasión de aprender. Un partido como UPyD, tiene la ocasión de hacer lo que los anquilosados Psoe y PP ya no pueden (o de momento no pueden). UPyD tiene una corta historia y los impacientes ya le quieren exigir la “Perfección Divina” olvidandose que somos humanos, sólo simples humanos intentando lo mejor.

  6. javier dice:

    Pues desde mi punto de vista el objetivo fundamental del partido (al igual que el de cualquier otra organización) debe ser el de servir al ciudadano, debiendo supeditar su organización interna a la que consiga mejores resultados para conseguir el objetivo fundamental. Es decir, centralizado, descentralizado o importado de Marte me es completamente indiferente siempre y cuando la ciudadania en su conjunto salga beneficiada (mayor libertad, mayores derechos y por supuesto igualdad para todos los ciudadanos). Seamos imaginativos. No tenemos por que reproducir lo que se sabe que no funciona.

  7. Jose dice:

    Me refiero a la tan manipulada-interesada deducción segun la cual un Estado democrático centralizado no es tan participativo como uno federal.
    Alemania es una democracia federal y tan participativa es su Administración como la de la democracia centralizada de Francia que garantiza de modo más riguroso la igualdad de deberes y derechos constitucionales de cualquier ciudadano y con mucho menor gasto público burocrático.

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